Política

9 Jul 2014
Política | Por: Luis Trejo

Educación pública versus educación privada

El éxito no solo depende del nivel de educación que tengamos; también incide tu disciplina, perseverancia y coraje para luchar.

Sé que esta es la sección de Política. Pero eso no impide que nos atrevamos a hablar sobre otros temas y nos salgamos de la esfera que encierra este ámbito. De cierta forma, las oraciones que prosiguen tienen alguna relación con las políticas públicas y las decisiones que los políticos toman sobre el sistema de educación pública.

Día a día escuchamos a muchos salvadoreños, organizaciones o gremiales empresariales criticar el actual sistema de educación pública. No los juzgo. Es cierto que la educación pública de El Salvador deja mucho que desear, pero eso no significa que los salvadoreños que nos hemos educado en ese sistema también tengamos que ser catalogados como tal. Soy de los millones de salvadoreños que se han formado bajo el sistema de la educación pública.

Yo ni siquiera fui a la parvularia; de una vez mi mamá me matriculó en primer grado. ¿Mala o buena suerte? No sé; a estas alturas ya ni importa. Lo que sí importa es que empecé mi primer grado a los ocho años ¿Un poco tarde? Puede ser, pero eso no impidió que diera mi mayor esfuerzo y que fuera de los estudiantes más sobresalientes de mis dorados años de niñez y adolescencia.

Al estar apto para el bachillerato asistí a una de las instituciones públicas de San Jacinto. Estudié por tres años el bachillerato técnico en uno de los institutos más conflictivos de la última década en el país. Y al igual que la básica, fui uno de los mejores de mi promoción y el mejor de mi sección. Aclaro que no trato de presumir. Es solo un claro ejemplo que cuando queremos ser los mejores, no nos importa en dónde estemos ni lo que estudiemos.

Finalmente, mi universidad la hice en una institución privada de gran renombre e importancia en la región: la UCA. Fue aquí donde comprobé que proceder de una institución pública o privada no hace mucho la diferencia cuando tus ideales, propósitos y anhelos son el motor que mueven tu actuar. No niego que la UCA me abrió grandes oportunidades laborales y mi camino recorrido en la carrera fue muy bueno. Sin embargo, también fui testigo de cómo muchos jóvenes con todas las comodidades y facilidades que sus padres se esmeraron en darles, han desperdiciado gran parte de su vida en los salones universitarios.

A mí, las oportunidades se me fueron presentando y confieso que supe aprovecharlas. Hasta hoy he tenido la dicha de hacer las cosas que más me gustan y por las que tanto luché. Me desempeño en lo que soñé desde niño, he dado clases en la universidad, he colaborado en grandes proyectos y cada día me levanto con nuevos ánimos para continuar con mis planes y hacer nuevas cosas. Yo soy un claro ejemplo de que el tipo de educación que recibimos, sea pública o privada, no nos limita a tener buenas oportunidades.

Tampoco lo son el lugar en el que vivamos ni la gente que nos rodee. Yo he vivido en una de las zonas más populosas del país y crecí y me formé solo con mi mamá, como miles de niños en la actualidad. Si fracasamos o somos exitosos, dependerá de nuestra vocación, voluntad y convicción de hacer las cosas de la mejor manera posible. Podemos demostrar que los jóvenes no solo nos interesamos en cosas banales; también nos importa aprovechar el día a día y tratar de enrumbar el timón que mueve las direcciones del barco.

 

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