Política

25 Feb 2015
Política | Por: Carlos Gutiérrez Argüello

Diferencia entre Planes  y Promesas

No tener un plan de trabajo demuestra una inapropiada gestión por parte del político, más una visión efímera de su accionar, donde probablemente comparta la carencia de planificación y gestión con su partido político.

El marketing y la comunicación política funcionan por la capacidad de vender a un candidato al público electoral, definiendo a este segmento de mercado como las personas que poseen la capacidad de votar en una elección. Los políticos  hacen uso de  técnicas y estrategias de comunicación para convencer, influir o reforzar la idea que uno de ellos es la mejor opción, siendo la capacidad de sintetizar una de las herramientas más usadas para adaptar los mensajes al tipo de medio o recurso retórico. Por ello, volvamos al planteamiento inicial: ¿cuál es la diferencia entre un plan y una promesa?

Los mensajes deberían estar basados en un plan de trabajo o mejor llamado “oferta electoral”. Sin embargo, entre el deber ser y la realidad existe una brecha, donde la comunicación genera los mensajes a cada público meta, basándose en sus expectativas y necesidades, ocasionalmente no importando si las promesas llegan a ser cumplidas.

La promesa es basada en un deseo, desconociendo la probabilidad de su éxito; mientras tanto,  los mensajes basados en un plan son catalogados como propuestas por tener un respaldo que comprueba su alto nivel de viabilidad. En otras palabras, existe una clara diferencia entre las promesas y las propuestas reales.

Un plan de trabajo es lo primero que todo político consciente de sus electores tendría que realizar. Resalto que un plan es un documento que demuestra un manejo de tiempos, recursos a utilizar, sistema de retroalimentación y gestión administrativa para el cumplimiento de acciones, basándose en un diagnóstico y  posibilidad de presentar resultados favorables.

No tener un plan de trabajo demuestra una inapropiada gestión por parte del político, más una visión efímera de su accionar, donde probablemente comparta la carencia de planificación y gestión con su partido político. La deficiencia administrativa se llega a evidenciar en el número de promesas no cumplidas, preparación de líderes (presentes y futuros), cantidad de propuesta completadas, monitoreo del mercado electoral con la realidad nacional, entre otras.

Es curioso que el marketing electoral tomó conceptos provenientes del mercadeo de productos, donde en la mayoría de ocasiones antes de su lanzamiento se genera una etapa de prueba, diagnóstico y planificación. Esta práctica debería aplicarse al candidato, llevándolo por una preparación y evaluación. En dado caso de no cumplir con las expectativas del mercado y funcionalidad dentro de la organización, tendrá que ser descartado o en su defecto repetir el proceso de aprendizaje.

En la realidad nacional existen varios candidatos que a pesar de no tener mayor preparación demuestran buenas intenciones para mejorar la situación de su comunidad. Estas personas si  llegan a ser elegidas tendrán que ser capacitadas, al igual que todo individuo que cumple con un nuevo cargo en una organización; de no ser así, su labor se verá comprometida ante las personas que emitieron su voto.

Es nuestro deber preguntar a los candidatos, ¿cuáles son sus planes? ¿Cómo los realizarán? ¿Cuándo estarán listos? ¿Dónde se llevarán a cabo? ¿Por qué razones están trabajando? ¿Quién o quiénes se verán involucrados para realizar sus propuestas? Todas las preguntas son sumamente válidas, debido a que solamente tenemos una clara: ¿qué pretenden hacer?

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