Política

16 May 2013
Política | Por: Ricardo Avelar

Derechomanía: derechos o cadenas

Como ciudadanos de un país occidental, independientemente de nuestra posición económica o social, hay una serie de garantías que nuestro Estado nos da, como protección ante algunos abusos del poder y eso es lo que llamamos Derechos.

A diferencia de lo que pudiésemos creer, estas garantías no han sido universalmente aceptadas a lo largo de la historia. De hecho, son protecciones relativamente nuevas a la historia política de la humanidad y aunque hoy las damos por sentado, en su momento generaron serias discusiones, posiciones encontradas y en ciertos casos, guerras prolongadas.

Lo que no podemos negar es que estos derechos civiles y políticos, nos ayudan a vivir mejor, más seguros y en un goce más o menos pleno de nuestras libertades. Sin embargo, y como todo en la vida, los derechos pueden ser armas de doble filo pues como humanos siempre esperamos más, sin notar que por cada cosa que recibimos hay un costo. En particular, en el caso de los derechos, el costo suele ser bastante alto.

Si nos remontamos a la historia, encontraremos que el siglo XVII constituyó una piedra angular para el desarrollo de las libertades como las gozamos hoy. Previo a la Revolución Gloriosa de 1688, los británicos llevaban casi un siglo peleando por limitar los poderes absolutos de la monarquía y los abusos de la misma. Alrededor de los 1640s, surge un movimiento de agitadores, “indignados” (ya que está de moda) autodenominado Levellers, o Niveladores.

Este grupo abogaba por una nivelación o igualdad de derechos civiles o políticos, algo usual hoy pero impensable en la época en la que los derechos venían de la posición social en que un ciudadano naciera, y de la cual era casi imposible ascender. Los niveladores fueron los primeros republicanos modernos, que creían en los derechos como universales a los ciudadanos siempre y cuando estos últimos adquirieran responsabilidades al reclamar sus derechos.

De los Niveladores surgió un ala radical que, tergiversando la nivelación de derechos a nivel político, abogaba por una nivelación de recursos y oportunidades. Estos seres, que veían como enemigo no a los abusos del poder sino a los ricos, fueron llamados Diggers, o Excavadores y abogaban por eliminar la propiedad privada y que todos gozaran de una “verdadera igualdad”. Igualdad que privaba a los ciudadanos del fruto de su trabajo y castigaba la individualidad en favor de un ideal comunitario. Eso me suena como un discurso popular de esta región.

Aunque no es necesario decirlo, el apoyo a los Diggers fue mermando (el movimiento sobrevivió de 1649 a 1652) pues los ciudadanos no querían empobrecerse para favorecer una nostálgica consigna de igualdad, sino tener una verdadera igualdad de derechos para poder hacer lo que quisieran, en libertad, y así vivir mejor.

Casi cuatro siglos después, nos encontramos en una encrucijada similar a la de la época. Aunque nuestras repúblicas han sido fundadas bajo principios republicanos de igualdad ante la ley y separación de poderes, y somos protegidos ante abusos del Estado, esto no nos parece suficiente. Queremos más derechos sin importar el costo.

Debemos ser cautelosos como ciudadanos. La igualdad de resultados y la “derechomanía” son consignas atractiva, pero peligrosas. Estas requieren Estados capaces de intervenir en la libre asignación de recursos. Estados que pueden fácilmente deformarse y en su papel redistributivo pasar de un repartidor proporcional a un repartidor arbitrario. Y esto, a lo largo de la historia, ha sido la norma y no la excepción.

Decía Gerald Ford que un Estado tan fuerte para darnos todo, es un Estado tan fuerte para volvérnoslo a quitar. Al hablar de derechos, pensémoslo dos veces. Evaluemos qué tan dependientes pretendemos volvernos. Qué tanto de nuestro éxito queremos delegarle al Estado.

Preguntémonos: ¿Queremos derechos o queremos cadenas? 

 

Ricardo Avelar -columnista de política-

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