Política

24 Feb 2016
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

De caudillos e ignorantes

No es decente, ni es humano, que después de haber vivido los últimos (y los primeros) 24 años sin guerra civil, vengan aspirantes a caudillos a sacar ventaja del infortunio de una población cansada para monopolizar la política y hacer del país su parque de juegos y ciber-circos”

Estamos en la era de lo viral. La información nunca ha viajado tan rápido ni ha sido tan universal. Mucha gente se ha convertido en usuarios de redes sociales que todo lo saben, que todo lo hacen, que todo lo pueden, pero que lejos de las pantallas son cascarones vacíos. En fin, nuestra generación está decidida a ser lastimera y conmiserada. Decidida a ser el triste rastro de un mundo que hubiera podido ser mejor.

Sin embargo, solo algunos seres son capaces de aprovecharse de la pobre condición humana de las masas; y esos son los caudillos, que tienen lo sucio del “vivían” y lo político del “más vivo”. Requieren de una población de borregos, necesitan crear información falsa y enaltecer lo real para promoverse. Crean ignorantes orgullosos de ser ignorantes.

Estos políticos se aprovechan de los señores más humildes que en la desesperanza del mal vivir están dispuestos a vender el alma al diablo, a caminar bajo el sol, a defender lo indefendible con tal de sentir que importan. Y no es culpa del pobre  nacer pobre, sino que la culpa es del que le ha hecho creer que no existe, que no vale, con tal de sacar el mayor retorno de su inversión social.

También buscan jóvenes con poco discernimiento para infundir en ellos la semilla de sus ideas, sacrificando incluso sus libertades para que aspiren a ser cosas de las que no saben el significado. Los inducen a ser las palabras con las que se definen. Quieren gente que no sepa que lo cierto es la verdad y que todas las mentiras son falsas.

Como dijo Salarrué en 1932 en su Respuesta a los patriotas: “Y me he indignado en mi dignidad de hombre y he alzado mi grito de protesta como la voz en el desierto escribiendo esta respuesta a los patriotas sin nombre…” porque no es posible, no es decente, ni es humano, que después de haber vivido los últimos (y los primeros) 24 años sin guerra civil, vengan aspirantes a caudillos a sacar ventaja del infortunio de una población cansada para monopolizar la política y hacer del país su parque de juegos y ciber-circos, solo para ser más famosos.

Tampoco y mucho menos es tolerable que a la fuerza  impongan sus viejas ideas vestidas de nuevas ideas, amedrentando las instituciones estatales que tanta sangre le costó a los salvadoreños crear.

La Constitución del país en que hemos nacido pretende protegernos de muchas cosas que nuestros Gobiernos han sido incapaces de cumplir; pero esa no es razón necesaria ni suficiente para abanderar a un caudillo que, escudado en el anarquismo, deshaga las leyes donde hay delito. Al contrario, si los políticos han fallado en sus intentos por defender nuestros derechos, no es la política la que nos ha fallado, sino los falsos políticos, lobos disfrazados de ovejas, que han visto en la ignorancia de la población, la oportunidad para apropiarse del poder.

Vuelvo a citar al gran Salarrué, y digo que “no, no soy patriota ni quiero serlo; tengo mejor concepto de un guineo patriota que de un hombre patriota. A mí no me agarran ya con esas cosas respetables.”así que no salgamos con orgullo patrio, solo hagamos lo que nos corresponde para nunca ser los ignorantes que quieren que seamos.

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