Política

16 May 2014
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

¿Cuántos presidentes más con las billeteras llenas?

Cuántos programas sociales podrían ser viables si funcionarios públicos que han jurado servirnos no utilizaran fondos del pueblo para viajes a Europa o para tantas otras cosas innecesarias.

Cada fin de mes, en mi boleta de pago veo cómo se me descuenta un buen porcentaje con la denominada “renta”. Según me cuentan, esa es mi participación en impuestos que se traduce en hospitales nuevos, carreteras de cemento, vasos de leche y hasta en semillas mejoradas. En realidad, me parece excelente financiar con mi salario parte del sostenimiento y progreso del país en el que nací y en el que he elegido vivir.

El problema surge cuando estoy bloqueado en un tráfico infernal viendo al MOP reconstruyendo con un presupuesto millonario una carretera que funcionaba bien y me encuentro con una moto-patrulla de la Caravana Presidencial parando el tráfico y que escolta una colección completa de los carros más nuevos. En esa situación me asalta una pregunta: ¿quién está pagando los caprichos del presidente? Mi problema es peor cuando respondo: yo y todos los demás.

No estoy hablando de un vehículo de funciones, ni de un motorista para eso de la comodidad; ni de un guardaespaldas por esto de la inseguridad, ni de una casa para que pueda vivir en paz.  Sino de todos esos “beneficios presidenciales” de los que nadie sabe nada, de los que nadie dice nada y que a todos nos toca pagar.

Cuando extrapolamos estos caprichos al resultado de un período presidencial, son millones de dólares que simplemente desaparecieron, y puede ser que estén depositados en cuentas extranjeras, donde ninguno de los que trabajamos y pagamos por esos impuestos recibimos intereses por esos ahorros y que por ley nos corresponderían.

Es curioso e irónico que las Casas de la Transparencia sean edificios efectivamente transparentes, pero donde parecería que nunca hay nada ni nadie trabajando. ¿O son estos signos para que entendamos la indirecta que nos están dando?

Ahora bien, yo estoy seguro de que si un ladrón entra en nuestra casa y se roba nuestras cosas, vamos a exigirle a la policía que los malhechores paguen; y hasta “con una cuarta de más” (como dice mi abuelita). Entonces, por qué cuando se trata de muy posibles desfalcos estatales documentados e investigados, nos quedamos callados, inmutados, temerosos y dudosos de actuar en contra de un representante que nos ha fallado y que se ha aprovechado del poder que tiene sobre nuestro dinero para hacer uso a su conveniencia.

Si bien el caso Francisco Flores está sentando las bases, tanto a nivel investigativo por parte de la Fiscalía como en la primicia del escrutinio público hacia un exgobernante, es fundamental que se le juzgue respetando el Estado de Derecho, pero con toda la firmeza de que nuestra Constitución exige, a él y a todos los anteriores; para que ni siquiera aparezca el fantasma de la corrupción en la más importante cartera del gobierno.

No es posible que reaccionemos más fuerte por el gol de un equipo español, o que despierte más emociones el concierto de un cantante famosísimo, que esas situaciones que he planteado. Eso se empeora al pensar en cuántos programas sociales podrían ser viables si funcionarios públicos que han jurado servirnos no utilizaran fondos del pueblo para viajes a Europa o para tantas otras cosas en las que se puede gastar el dinero ajeno.

Para concluir preguntémonos: ¿a cuántos presidentes más dejaremos que salgan de Casa Presidencial con las billeteras llenas? ¿Cuánto más esperaremos para actuar?

 

3 Mar 2017
El Salvador: “Si nos dormimos, los de arriba se despiertan”
Política | Por: Mateo Villaherrera

El Salvador: “Si nos dormimos, los de arriba se despiertan”

27 Feb 2017
No es la polarización, es desatender la política
Política | Por: Juan Carlos Méndez

No es la polarización, es desatender la política

30 Ene 2017
¿Será posible un diálogo con pandillas?
Política | Por: Juan Carlos Méndez

¿Será posible un diálogo con pandillas?

29 Nov 2016
Educación barata
Política | Por: Juan Carlos Méndez

Educación barata