Política

17 Oct 2014
Política | Por: Roberto Alfaro

Cuando la historia pasa factura –Parte 2

Hace dos semanas les comentaba que, 14 años después de 1992, en el 2006 se decidió impulsar en El Salvador la política de Estado del Bienestar… ¿Quieren saber qué pasó?

Se crearon subsidios al transporte público, al gas licuado, al agua y a la electricidad. Además, las tasas impositivas aumentaron sustancialmente y se crearon programas con poco estudio técnico que implicó un aumento drástico en el gasto público. Sumado a esto, año con año el déficit fiscal registró aumentos considerables y el gobierno trató de solventar la falta de empleos a través de la creación de puestos laborales en instituciones públicas, aumentando aún más el gasto corriente. Como resultado, El Salvador empieza a registrar problemas de liquidez, aumenta su deuda externa y con ello el costo de la vida; ocurre todo lo contrario al objetivo de la política de Estado benefactor: beneficiar a toda la población.

Quizás quienes decidieron impulsar un Estado del Bienestar en Suecia y El Salvador tenían la mejor de las intenciones (quizá no), pero si algo se debe recalcar es que a pesar de las buenas intenciones de una política pública, primero se debe evaluar técnicamente los efectos que esta podría traer a la población. Ambos países impulsaron la misma política pública, y ambos experimentaron casi las mismas consecuencias. Pero hay una diferencia que es necesario mencionar: el país nórdico supo corregir su rumbo y a partir de 1990 realiza un reajuste en sus políticas y para la década de los 2000 registra nuevamente una mejora sustancial en su nación. El Salvador, por el contrario, para 2014 sigue aplicando su Estado del bienestar y año con año ve cómo su economía se va deteriorando.

¿Es viable un Estado benefactor en una nación como El Salvador? La historia nos ha demostrado que bajo nuestras condiciones  no es lo mejor. Ejemplo de ello es que la deuda púbica roza el 60 por ciento del Producto Interno (PIB) y el crecimiento nacional es de poco menos del 1.5 por ciento año con año. Entonces, ¿cómo una nación con tan pobre crecimiento puede sostener un Estado benefactor? Realmente no lo puede hacer. El Salvador ha recurrido a deuda externa, lo cual garantiza una cosa: comprometer el futuro de nuestros hijos. La historia, nuevamente, pasa factura. No se trata de imitar políticas de otros países solo porque sí, tampoco se trata de comprometer las arcas del Estado para “beneficiar” a la población.

Antes de implementar políticas públicas que arrastran las finanzas del Estado se debe analizar el comportamiento económico histórico de la nación. Suecia, quizás en un principio, se pudo dar el lujo de pasar a un Estado benefactor, al fin y al cabo venía de una época fructífera y de mucho resplandor. Pero El Salvador lo decide hacer a pocos años de haber vivido una guerra civil, cuando su economía apenas empezaba a sanar y sus instituciones no tenían la solidez necesaria para evitar comportamientos oportunistas de parte de las autoridades. La historia ha demostrado que ni en un país sólido (como Suecia) es posible llevar a cabo un Estado del bienestar sin afectar a su economía.

Con ese tipo de Estado o no, no se debe perder de vista que la razón de ser del Estado es dar igualdad de oportunidades, no obviando nuestra historia al momento de formular política pública, ya que de ello depende parte de su éxito o fracaso. Si un país empieza a tener éxito fomentando el libre mercado ¿por qué estropear todo al generar políticas públicas populistas? No se puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte; mucho menos ayudar a los pequeños aplastando a los grandes.

 

  • ClaudiaRo

    la ignorancia es atrevida, y hablar de “Estado de Bienestar” en El Salvador, es realmente no saber nada. En serio, dejas muy mal parada a la Matías como Universidad. Además insisto, quién es el editor de este periódico, creo que al final lo peor es la línea editorial que permite la publicación de cualquier cosa, aberrante!!

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