Política

3 Oct 2014
Política | Por: Roberto Alfaro

Cuando la historia pasa factura – Parte 1

El Salvador, desde 1970, vive un punto de inflexión. Estalló la guerra civil que cobró más de 50 mil vidas y dejó al país totalmente destruido.

Uno de los propósitos fundamentales que define la existencia de las ciencias económicas es el entendimiento del ser humano. En cada hogar, nación o continente el hombre es distinto. Esto marcado por dos factores importantes: la cultura y las tradiciones. No sería raro notar ciertas similitudes entre las celebraciones de Acción de Gracias de los países del Norte y los países del Sur; así también, existen similitudes en las políticas adoptadas en cada región. Ejemplo de ello es la firma de tratados comerciales entre países europeos y, tiempo después, se ve un comportamiento similar en los países suramericanos.

Al final, cualquier acción o política tomada en pro del beneficio del ser humano sin violentar derechos individuales debería ser vista como “buena”. Sin embargo, acá entra en juego un factor más que muchos países no toman en cuenta a la hora de adoptar políticas de países hermanos: su historia.

Suecia es un país escandinavo ubicado al Norte de Europa cuya historia es conocida por ser un país con habitantes trabajadores y honestos. Incluso Max Weber mencionó en 1890 que por sus raíces protestantes, los suecos mostraban un comportamiento más productivo que el resto de países europeos. Además, la historia demostró que todo sueco que emigró a Estados Unidos se reconocía por ser una persona de confianza y más productiva que el resto de americanos.

El Salvador, por su parte, es un país ubicado en Centroamérica cuya historia se ve reducida a 193 años de “libertad” manchada de sangre y constantes violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, esto no ha sido excusa para que su población sea reconocida por su arduo trabajo y la calidez con la que recibe a los extranjeros.

Ambos países han tenido sus altos y bajos económicamente hablando. Por ejemplo, de 1900 a 1950 Suecia vio florecer su economía. A medida que liberalizaba sus mercados y aplicaba la no intromisión del Estado en asuntos económicos, su población registró una mejora sustancial en la calidad de vida: el PIB per Cápita aumentó, las condiciones laborales mejoraron y más empresas se establecieron en la región. Sin embargo, luego de 1950 las cosas fueron diferentes. El Estado decidió aplicar una política pública denominada Estado del Bienestar, la cual pretendía proveer servicios o garantías sociales a la totalidad de los habitantes del país. Sumado a esto, se aplicó una política fiscal de aumento de impuestos a las empresas establecidas en la región. Como resultado de dichas política, Suecia empieza a perder el brillo que antes tenía. La mayoría de extranjeros que vivía en la región eran sostenidos con las arcas del estado (ejemplo perfecto de un “Free Rider), las empresas empiezan a emigrar a otras naciones, aumenta el déficit fiscal y la población empieza a notar una reducción en su calidad de vida.

El Salvador, desde 1970, vive un punto de inflexión. Estalló la guerra civil que cobró más de 50 mil vidas y dejó al país totalmente destruido. A partir de 1992, con la firma de los Acuerdos de Paz, se dio paso a una nueva economía de libre mercado, basado en el impulso del sector empresarial. Como resultado, la nación experimenta una mejora en la mayoría de indicadores económicos: aumenta el PIB per Cápita, la Inversión Extranjera Directa se duplica, la PEA (Población Económicamente Activa) aumenta y cada vez surgen más empresas que benefician a la población con mejores opciones en el mercado local. Sin embargo, 14 años después, en el 2006, se decidió impulsar la política de Estado del Bienestar en la nación. ¿Quieren saber qué pasó? Los espero en dos semanas.

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