Política

8 Jul 2014
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

Cuando gana el tramposo

Desde niños nos enseñaron que en los juegos siempre gana el mejor, pero las experiencias nos demuestran que a veces eso es mentira.

Como si fuera un juego de ajedrez, los políticos miden cada uno de sus movimientos pensando en cuál será la próxima acción del adversario, pero cuando no alcanzan a ver el panorama completo, se mueven mal  y comienzan a perder peones, hasta quedar tan vulnerables que el rey es puesto en jaque, hasta que llega el mate.

Esto describe metafóricamente lo sucedido a la diputada Ana Vilma de Escobar, quien como chivo expiatorio está pagando desde el nunca-suficientemente-esclarecido accidente del que se ha hablado tanto, pero del cual solo quedaron un pobre arbolito atropellado que fue sembrado en el lugar equivocado; un carro de lujo chocado en el parqueo de la División de Tránsito Terrestre y el misterio más grande del quinquenio del expresidente Funes, del que probablemente en un futuro nos referiremos como “Ferrarigate”, como habitúan nuestros desarrollados países amigos a terminar con “gate” esos escándalos políticos que en algunos casos han llevado hasta la demisión de funcionarios públicos de alto nivel.

Es fundamental decir que mucha de la duda popular ante este incidente surgió del hermetismo inusual con el que se manejó la información del accidente de tránsito por parte de las autoridades y de la casualidad con la que pocas horas después de acontecido, Casa Presidencial (Capres) anunciaba que el ahora expresidente había sufrido un grave accidente en casa mientras se vestía, causándole una fractura en la cadera, por la que hasta el día de ahora se encuentra en recuperación.

Ana Vilma cometió el pecado mortal para democracias jóvenes y crudas como la nuestra: atreverse a decir públicamente lo que una parte de la población que ella representa probablemente pensaba. Pero el mayor problema fue que sin testigos ni pruebas físicas, declaró cosas que pudieron haber causado injuria al exjefe de Estado. Olvidó que In dubiis, abstine (en la duda, absténgase).

Posterior a esto, la Asamblea Legislativa estableció una Comisión Especial de Antejuicio para evaluar si por lo declarado merecían ser revalorados sus privilegios parlamentarios en caso de ser perseguida en justicia por Mauricio Funes, debido a daños al honor del mismo. La Comisión sentenció un “no ha lugar a formación de causa”.

Simultáneamente, el partido FMLN a través de su secretario general, Medardo González, dijo en una entrevista televisiva que de disculparse públicamente, su fracción legislativa representada podría no votar contra la revocación de sus beneficios legales especiales. Palabras alineadas a la visión unificadora del discurso del presidente recién juramentado.

Pero aunque desde niños nos enseñaron que en los juegos siempre gana el mejor, el más fuerte o el que más sabe, las experiencias nos demostraron que a veces eso es mentira, cuando gana el más tramposo. Y en la política tal como en los juegos, las mismas reglas aplican. Para de Escobar la vuelta ya estaba hecha. Disculpa pública hecha, votación plenaria, pero Ana Vilma fue desaforada. ¿Qué fue lo que pasó?

A la diputada le hicieron lo que a mí me hicieron en preparatoria. Primero alguien hizo una travesura en el aula, y yo conté mi versión a los demás. Luego la profesora que no vio nada de lo que pasó, me dijo que como no podía probarlo tenía que disculparme con todos para que no me castigara. Lo hice y aun así puso una nota en mi agenda con un sello de “firme y regrese” para mis papás, quienes a su vez me regañaron por mi imprudencia.

Mi conciencia quedó reprimida, pero una cosa sí sabía: mi profesora no era digna de confianza.

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