Política

28 Nov 2014
Política | Por: Mario Hernández Villatoro

Conocer la historia para construir una nueva realidad

De los acuerdos de paz firmados el 16 de enero de 1992, aún se mantienen los buenos recuerdos y el acta. Solo falta lo más importante: la paz.

Captó mi atención una valla publicitaria ubicada a un costado de la carretera hace mucho tiempo. Cada vez que pasaba por allí me preguntaba cuándo se haría realidad o si solo fue un proyecto desechado. A medida pasaba el tiempo pensé más en lo segundo.

Me equivoqué. La obra de arte justificó el tiempo. Sobre todo al imaginarme cómo se pueden sintetizar mil 500 casetes de grabaciones de noticiario con cinco horas de duración cada uno, en un documental acerca del conflicto armado que sufrieron generaciones anteriores. Yo solo he vivido las secuelas y conocido las historias, libros y documentales como este.

No era fácil el reto de extraer la información clave para armar una cronología de sucesos que marcaron el estallido de un conflicto armado que causó aproximadamente la muerte de 100 mil personas. Tampoco fue fácil reconstruir las causas y consecuencias de dicho conflicto a través de videos, publicaciones de periódicos y entrevistas de muchos protagonistas. La combinación entre la narración de los entrevistados y las imágenes y vídeos fueron el componente esencial para explicar detalladamente los pormenores de este conflicto.

Pensé que este documental estaría caracterizado por destacar una determinada corriente ideológica. También me equivoqué. El rodaje contiene la realidad de los hechos, explicado desde el punto de vista de personas inclinadas a la derecha como a la izquierda salvadoreña.

Ellos quizá mantuvieron la línea adscrita a su afición ideológica, pero escuchar variadas opiniones, permite mantener el documental en un grado aceptable de objetividad. Lo más interesante es que provoca que cada uno se cree su propia percepción de los hechos.

Otras películas permitieron conocer cómo vivieron nuestros hermanos el embate de los ataques armados y todo lo que sufrían diariamente: acostumbrarse a escuchar sonidos de balas, esconderse por todos los rincones de sus humildes viviendas, levantarse todos los días con el temor de que ese sería el último (aunque eso se mantiene en la actualidad), o los padres estaban con el miedo de que sus hijos fuesen reclutados. He visto películas sobre esas vivencias. He escuchado innumerables historias de personas que lo experimentaron. He leído documentos sobre ese desagradable acontecimiento, pero no un documental que explicara los errores cometidos en aquella época que derivó en la trágica consecuencia de amanecer, atardecer y anochecer con la costumbre de ver cadáveres o partes de cuerpo humano por doquier.

No es un simple documental. Es un trabajo estructurado con un plan de largo plazo que logra mantener la atención durante todo el desarrollo; 80 minutos que en un abrir y cerrar de ojos se esfuman. Consiguió la atención hasta del más desinteresado. Así ocurrió con la persona que me acompañó a la sala de cine.

Espero que la próxima parte de este documental sea tan interesante como la actual y sea una secuencia sistemática de los acontecimientos generados en el conflicto. Que logren forjar una conciencia social, con el fin de evitar cometer los mismos errores y construir juntos la sociedad en la que anhelamos vivir. Conocer esa historia hace que logremos querer más a un pequeño país que ha sufrido tanto, pero que ya demostró que tiene la capacidad de recuperarse.

Lastimosamente estamos lejos de lograr el ideal que deseamos. De los acuerdos de paz firmados el 16 de enero de 1992, aún se mantienen los buenos recuerdos y el acta. Solo falta lo más importante: la paz.

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