Política

7 Mar 2013
Política | Por: Mauricio González

Centroamérica debe salir de la aldea

Mientras los salvadoreños nos sumergimos de lleno en disputas electorales, leyes a medias, candidaturas anticipadas, campaña sucia, concentraciones económicas, entre otros, la humanidad continúa su inexorable marcha sin despegar el rumbo hacia un mundo ideal, donde las tecnologías verdes serán el motor de la industria, la genética de la mano de células madre ayudará a resolver enfermedades mortales y otros tantos avances económicos y sociales que solo son concebibles impulsar de forma efectiva desde la integración. 

Concebibles porque es a través de la unión centroamericana que Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, y en un futuro seguramente Belice junto a Costa Rica, puedan integrarse firmemente en el concierto de las naciones emergentes. Esto solo se logrará cimentando su desarrollo en la explotación sostenible de sus grandes recursos naturales, minerales, tierras para cultivo, atractivo turístico, cultura ancestral, dos océanos que se conectan a través de un canal, puertos marítimos en ambas costas y clima tropical, solo por mencionar algunos.

La geografía centroamericana brinda la facilidad de hacer negocios con el norte, con el sur y el Caribe, estar en la ruta de embarcaciones que buscan atravesar el canal y que al mismo tiempo utilizan puertos diseminados por la región. Actualmente, el PARLACEN ha propuesto una serie de proyectos encaminados a la integración, por ejemplo una vía ferroviaria que conectará Centroamérica, una política de cielos abiertos y una licencia de conducir única entre los países miembros.

Sin embargo, más allá de dichos proyectos, subyacen problemas relativos a la cultura y a la convivencia, donde nuestra clase política mantiene una concepción “aldeana” de cómo manejar el rumbo de la república y que inherentemente se relaciona con las cuotas de poder. Por otra parte, el tema de la convivencia nace de las mismas diferencias y rivalidades entre ciudadanos de uno y otro país, no es extraño escuchar expresiones despectivas como “ticos tales por cuales”.

El asunto cultural pasa por el tema de la búsqueda consensuada de héroes. Si bien cada generación construye sus propios héroes, deben existir figuras que generen cohesión, lo que implicaría la destrucción –iconoclasta– de figuras como los próceres, quienes dicho sea de paso partieron la región por intereses privados.

Como ciudadanos, debemos despojarnos de esa actitud aldeana, como bien la ha llamado Roberto Carpio, uno de los principales impulsores de la integración; no podemos continuar sumergidos en microrregiones semiaisladas, tratando de competir unos con otros, cuando la verdadera competencia está fuera de Centroamérica. Una integración económica real nos permitiría negociar en mejores condiciones, en conjunto, con voz y voto, ante potencias económicas. Ejemplo inverso fue el TLC con Estados Unidos.

Todas las naciones centroamericanas pasan por problemas similares: violencia, tráfico de drogas, pobreza, exclusión social, impedimento para generar tecnología y una serie de problemáticas que han perdurado durante siglos. Este es un nuevo milenio, el siglo XXI que le abre la puerta a la región para unificarse política, económica y judicialmente y que trae consigo una revolución científica y tecnológica de la mano de la evolución del pensamiento, razonamiento puro, supresión de la creencia en un ser superior y el nacimiento del “superhombre”. Centroamérica no puede, no debe continuar viendo la aldea, debe salir y dar la cara al mundo como región.

 

 

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