Política

18 Ago 2014
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

Aspirando al idealismo

Recordemos que de vez en cuando es necesario reevaluarnos como personas para no perder la visión de lo que queremos lograr.

La mayoría de los personajes que han pasado a la historia tienen algo en común: haber traspasado la barrera de los países, de los idiomas, pero sobre todo, del tiempo. Y la razón por la que lograron eso, es porque dedicaron sus vidas a luchar por el ideal en el que creían.

Quizá no todos esos ideales fueron los más nobles, ni los más heroicos, pero sí demostraron ser personas capaces de creer más en una idea que en quedarse conformes a la estabilidad de sus tiempos.

José Ingenieros, escritor ítalo argentino, escribió en “El hombre mediocre” el que, desde mi punto de vista, es el parámetro más exacto para saber el tipo de persona que somos, y qué características pueden convertirnos o potenciarnos en un idealista, pero sobre todo consiste en un manual de comportamiento que debería ser de lectura obligatoria en educación media, para fomentar el civismo desde la juventud.

Para establecer la diferencia, se puede comenzar diciendo que un hombre mediocre es maleable, ignorante, carente de personalidad. En pocas palabras, es un borrego, miembro del rebaño social. Seguidor de las costumbres del pasado, aquel que llega a un trabajo y hace las cosas igual de mal que el anterior, que aprende las mañas de los demás mediocres, criticando siempre las obras de otros por la misma envidia de no ser capaces de crear algo nuevo. Todo lo anterior por el miedo de sentirse miembro del club de los conformes. “Los mediocres no cosechan rosas por temor a las espinas”.

Por el otro lado, estamos los idealistas, creyentes en la posibilidad de hacer mejor las cosas, necios en pro del progreso, quizás a veces testarudos ante los que intentan enflaquecer los logros y siempre buscando nuevas ideas, nuevos sueños, nuevas oportunidades y nuevas metas.

Un idealista va nadando contra la corriente del conformismo, poniéndose metas personales que permitan el mejoramiento de otros. Nunca busca su único beneficio y siempre lucha por cambiar el pasado en favor del porvenir. El idealista no se deja guiar, sino que guía a otros con libertad de pensamiento y ambición de bienestar. Es alguien que valora más la calidad que la cantidad.

Finalmente, y si a este punto aún hay personas no identificadas con alguna de esas categorías, también se propone un personaje al que temo todavía más que a los mediocres: los hombres inferiores. Aquellos incapaces de lograr un ápice de brillo, que deben vivir sus vidas imitando a los demás, viviendo bajo la moral ajena y tan solo aspirando a camuflarse entre los mediocres del montón.

En conclusión, recordemos que de vez en cuando es necesario reevaluarnos como personas para no perder la visión de lo que queremos lograr, y mantengamos presente que “nuestra vida no es digna de ser vivida sino cuando la ennoblece algún ideal.”

 

 

 

 

 

  • Napoleón Cornejo

    Me ha agradado mucho leer tu columna. Yo también soy salvadoreño y vivo en Europa, y desde aquí veo como el conformismo y el miedo a no encajar es de las cosas que mas daña a nuestra nación. Y ya te darás cuenta que cuando uno decide ser idealista, como tu dices, el resto de mediocres son los primeros en atacar.

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