Política

17 Sep 2015
Política | Por: Carlos Alejandro Morales

Amor no quita conocimiento

 

Así como en el ámbito de las relaciones de pareja se dice que “ni todo el amor, ni todo el dinero”, en el mundo de la política, por difícil que nos resulte, no debemos darle credibilidad absoluta a los líderes.

 

La mayoría de personas se ha enamorado en alguna etapa de su vida, al punto de idealizar al ser amado, de forma que casi involuntariamente poco a poco olvida que esa persona especial, por su calidad de mortal, tiene defectos. De manera que en otras circunstancias en que no la viéramos con ojos de amor sublime, esa persona hasta quizá nos sería desagradable. Así las cosas. Muchas veces nos negamos a darle crédito a la popular frase “amor no quita conocimiento”, para que esa magia que sostiene la relación no se pierda. Cuando con el paso del tiempo, ese período de enamoramiento pasa, eventualmente cuando hemos sufrido golpes emocionales o físicos, nos damos cuenta del verdadero valor que esa persona merece. Y es como si nos quitaran una venda de los ojos y podemos ver aquellos aspectos negativos que antes nos negábamos a reconocer.

 

Algo similar sucede cuando nos convertimos en seguidores, simpatizantes o hasta activistas políticos en apoyo de un partido político, depositando nuestra confianza en ellos, promoviendo sus promesas, apoyando sus actos de campaña y otras tácticas que usan para convencer a los votantes. Así, defendemos a capa y espada sus líneas de acción, sin aplicarle la menor objetividad para evaluar los actos de sus líderes, y como consecuencia perdemos toda capacidad de ver en sus actuaciones defecto alguno. Al correr el tiempo, la mayoría de seguidores o activistas nos encontramos con una realidad dura, como el hecho de que cuando los líderes que tanto hemos apoyado ciegamente, tal cual personas profundamente enamoradas, luego de un evento electoral alcanzan el poder o simplemente el puesto o cargo público que buscaban, pareciera que dejan de ser el perfil de persona que considerábamos era.

 

Parece que se les borra la memoria y todo lo aquello que nos prometieron, pasa a la gaveta o quizás al cesto de la basura, pero lo cierto es que ya no forma parte de sus ideales; lo cual, por supuesto, se convierte en un sentimiento de decepción con frustración para sus seguidores. Hay casos extremos en los cuales, al igual que sucede en algunas relaciones sentimentales, a pesar de ver el cambio de actitud de los nuevos funcionarios públicos, nos resistimos a aceptar que esas actitudes que ahora vemos como inaceptables, correspondan a aquel líder político que idealizábamos; y para no dar cabida al sentimiento de decepción o frustración, tratamos de justificarlo.

 

Nos resulta casi imposible aceptar que esas personas que con nuestro apoyo lograron incrustarse en el Estado, en un cargo público de alto nivel y que muestran actitudes diferentes al perfil de personas que nosotros conocíamos, no han cambiado con la obtención del poder, sino que son personas que siempre fueron así, pero mientras no habían obtenido poder o el cargo, no mostraban su verdadera personalidad; y ahora que ya han logrado su cometido, se permiten actuar tal cual su personalidad.

 

Las decepciones que en el ámbito político muchos hemos experimentado en nuestro país, se ha debido a que el nivel de confianza y credibilidad que hemos depositado en los líderes políticos ha sido en un nivel desmedido, es decir, abandonando nuestra objetividad en la valoración de su conducta. Mientras no recobramos nuestra capacidad de mantener despierta nuestra conciencia y la capacidad de análisis con objetividad, seguimos encontrando errores o actitudes cuestionables solamente en los líderes o funcionarios del partido contrario a aquel por el cual hemos mostrado simpatía y apoyo; y por el contrario, a los líderes afines nuestra filosofía política seguiremos considerándolos infalibles. Así como en el ámbito de las relaciones de pareja se dice que “ni todo el amor, ni todo el dinero”, en el mundo de la política, por difícil que nos resulte, no debemos darle credibilidad absoluta a los líderes. Esto es más difícil de hacer que de decir, pero sería un gran paso para limpiar la clase política que tenemos en la actualidad.

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