Política

11 May 2016
Política | Por: Alexandra Monge

¡Alto a la discriminación!

En una noche de junio de 2015, un hombre llamado Alex Peña iba sosteniendo una ardua discusión con un conductor de la Ruta 4 en Ciudad Delgado, a raíz de que el conductor no respetaba las paradas. Su novia, Sonia, logró bajarse del bus, pero las protestas por parte de Alex hicieron que el conductor, molesto, lo dejara frente a una subdelegación de la PNC donde lo denunció con los policías.

La situación escaló rápidamente, y Alex fue sometido por el cuello mientras Sonia, su novia, gritaba que lo dejaran en paz. En respuesta a las súplicas, Sonia recibió un puñetazo en la cara, y Alex comenzó a rodar por el suelo con el agente hasta que fue sometido nuevamente. Para entonces, habían llegado ocho agentes a auxiliar a su colega y comenzaron a vapulear a Alex, hasta que perdió el conocimiento (ElFaro.net).

Los moretones esparcidos por varias partes del cuerpo de Alex dejaron en evidencia que hubo un abuso de poder de parte de los agentes. Sin embargo, ¿cómo cambiaría su perspectiva de este hecho si les dijera que Alex también es un hombre transgénero?

Dentro de toda esta nube de violencia que vive nuestro país, hemos dejado de lado, ya sea por prejuicios o indiferencia, la discriminación y crímenes de odio en contra de la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero e Intersexuales). Ya que a los ojos de muchos salvadoreños, se asume que una golpiza o asesinato a un miembro de esta comunidad es considerada justificable, y algunos incluso lo ven como “castigo divino”. El caso de Alex puso en duda nuevamente la integridad de la PNC. Asimismo, la ONG ASPIDH Arco Iris, una de las organizaciones del país más activas en la defensa de la diversidad sexual, reportó 32 denuncias a la Procuraduría de Derecho Humanos respecto a abusos de policías hacia personas trans. Evidentemente, el Estado no ha tomado las medidas adecuadas para combatir la constante discriminación a este grupo de personas.

En El Salvador, desde 1995, se han registrado más de 500 casos de asesinatos de personas LGBTI. Este aproximado es bastante impreciso, ya que según ASPIDH Arco Iris son números recolectados de muertes que han sido expuestas gracias a los noticieros. Quiere decir, que en la Fiscalía no existe una categoría para este tipo de homicidios, como el de los salvadoreños transgénero; personas que se encuentran sumergidas dentro de las listas de muertes de hombres y mujeres, cuyo sexo es basado de acuerdo a su partida de nacimiento. Tan solo este factor da mucho que desear respecto a la institucionalidad de nuestro sistema judicial y el derecho de las personas transgénero de ser reconocidas ante el Estado. Para iniciar un cambio positivo dentro de nuestra sociedad respecto al combate a la homofobia y transfobia, es importante que el gobierno cambie de perspectiva primero.

El rechazo inminente hacia estas personas las ha hecho víctimas de crímenes de odio, catalogados en nuestro Código Penal “cuando fuere motivado por odio racial, étnico, religioso, político, a la identidad y expresión de género o la orientación sexual” (Art. 129 num. 11). No estar de acuerdo con las acciones y estilo de vida de otros está bien, pero eso no otorga el derecho a discriminar a las personas por ello. Al igual que cualquier salvadoreño, las personas LGBTI tienen derecho a una vida tranquila libre de violencia y a ser iguales ante la ley.

Alex le expresó a El Faro que mientras lo golpeaban, un policía le dijo: ‘cómo decís que sos hombre, te estamos tratando como hombre’. No obstante, la delegación y la Fiscalía sostienen una versión diferente, mostrando a Alex y Sonia como los principales agresores.

De acuerdo con una encuesta nacional hecha por la Secretaria de Inclusión Social en el 2012, más del 45% de la población LGBTI ha sido víctima de discriminación y agresiones tanto físicas como psicológicas. El 76.6% de los casos resulta ser acoso verbal, incluyendo burlas e insultos, el 16% agresión física y el 13% por violencia sexual.

Ciertamente, a pesar de nuestras diferencias, todos tenemos los mismos derechos, y como sociedad es tiempo de concientizarnos y comenzar a respetarnos entre nosotros, ya que sin eso la violencia solo crecerá. No se nace con homofobia y transfobia, se nos inculca a lo largo de nuestra vida y lo único que hace es promover el odio y la intolerancia. Es momento de que nuestra generación marque la diferencia y provea oportunidades de sobresalir dentro de una sociedad libre de discriminación. Toda persona debe crecer sin que su vida se vea condenada al rechazo solo por su orientación sexual y expresión de género.

 

 

 

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