Política

31 Jul 2013
Política | Por: Jaime Ayala

¿Aceptan el reto?

Les propongo un reto: Durante todo un mes, les entregaré alrededor de $5.80 cada día. Esto les servirá para llegar a su lugar de trabajo, comprar sus alimentos los tres tiempos de comida, adquirir ropa, calzado, el pasaje del transporte público y hasta para un corte de cabello. Si sufren problemas de salud, deben gastar del mismo monto que se les entregará. En todo el mes les estaría entregando aproximadamente $175.00. Es muy probable que vivan limitados, pero puede que resistan. Ahora bien, ¿qué tal si le añadimos una dificultad más? Durante todo ese mes deben hacerse cargo de una familia entera, digamos 2 hijos y una esposa, lo que implica costearles educación, salud, vestimenta, una buena vivienda y hasta la diversión. ¿Cómo lo ven ahora? ¿Aceptarían el reto?

La cruda realidad es que muchos no lo aceptaríamos, pero hay otra inmensa mayoría que no tiene ni voz para responder. Si no lo aceptan, no comen y, todavía peor, su familia no sobrevive. Los números incluidos en el desafío no son para nada aleatorios, sino que provienen de los cálculos de la Dirección General de Estadísticas y Censos que determina cuál es la canasta básica alimentaria con la que un salvadoreño, en teoría, puede sobrevivir en el país.

Es risible concebir la idea de que un salvadoreño pueda mantener a una familia o incluso a sí mismo con estas cifras. Y aquí caemos en uno de los primeros problemas de esta canasta: la ausencia de algunos bienes y servicios. Al observar nuestra canasta se puede destacar la presencia única de bienes alimenticios. No existen productos textiles, servicios de salud, mejoras de vivienda o una inversión en educación que asegure la buena planeación de una familia en vistas de mejoras de su bienestar. Es decir, es ridículo pensar que 4 personas puedan subsistir todo un mes solo alimentándose. Necesitan medicinas, vivienda digna, educación y muchos otros elementos que no se muestran hoy en día en la canasta.

Si observamos algunos modelos de otros países, incluso de Latinoamérica, podemos notar que existe una distribución muy distinta de sus bienes. Muchas naciones incluyen antigripales, salidas al cine, anticonceptivos, uso del transporte público, focos, navajas de afeitar y hasta cerveza, como es el caso de México. Sin embargo, esta incorporación de bienes, y por consiguiente de mayor costo, acarrea repercusiones políticas para los funcionarios.

La canasta básica no solo determina el costo de vida mínimo (al menos en teoría), sino que también marca la línea de pobreza utilizada en el país para determinar si una persona es pobre o no. Si puede pagar dos veces por esta canasta, entonces se considera solamente dentro de la pobreza; pero sí solo pueda costearla una vez, entonces se habla de pobreza extrema. Entonces, si estas estadísticas son tan relevantes para el país, ¿por qué no cambiarlas y mantenerlas lo más claro posible? La pregunta es: ¿quién va a asumir ese costo político?

Actualmente, el porcentaje de la población en pobreza es de 34.5% (EHPM 2012). Si ese porcentaje se mantiene al costo actual de $175, se imaginan qué pasaría si el costo de la canasta aumentara –digamos- tres veces su valor actual. La cifra de pobreza se dispararía enormemente y las contrapartes políticas no dudarían en calificar a un cierto gobierno como aquellos que aumentaron la pobreza en poco tiempo. La verdad es que siempre hemos sido más pobres de lo que en realidad pensamos, solo no hemos logrado dejarlo por escrito. No es coincidencia que ningún partido político busque poner el tema sobre la mesa de negociación.

En 2009 se modificó la canasta de consumo utilizada para calcular la inflación, y se espera que algunos esfuerzos para modificar la canasta básica actual sean efectivos. Esto nos daría mayor margen de acción en las políticas públicas, y también mayor claridad sobre lo que se está haciendo bien o mal. Así que el verdadero reto para los jóvenes radica en colocar estas temáticas en las propuestas de candidatos y funcionarios. Muchos podemos hacerlo, ya que a quienes sobreviven con lo mínimo no les alcanza, a veces, ni para el autobús. 

  • Fernando Rivera

    Excelente texto, compañero – felicidades. No hay más que decir

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