Oportunidades

14 Mar 2016
Oportunidades | Por: Claudia Menéndez

Mejor nunca que tarde

¿Siempre tarde y sin saber por qué? Si sos una de esas personas que piensan que es mejor llegar tarde que nunca, esta nota es para vos. Conocé la diferencia que pueden hacer esos cuantos minutos extra en tu vida.

Desde la infancia crecemos sabiendo que la puntualidad es importante. Escuchamos frases como: “Mejor tres horas antes que un minuto tarde”, “La puntualidad es la educación de los reyes’’, entre muchas otras. Nos avergonzamos de entrar tarde a una clase o a una reunión, nos perdemos el inicio de un concierto o de una película por la ausencia de esa cualidad. Sin embargo, a pesar de conocer su importancia, muchos seguimos siendo impuntuales.

Según un estudio realizado por la página de internet CareerBuilder en 2011, el 15% de los trabajadores americanos llega tarde una vez por semana. A pesar de las diferencias culturales que puedan encontrarse en este respecto, lo cierto es que en impuntualidad no nos quedamos atrás. Y lejos de ser solo en la vida profesional, dicha cualidad se extiende a nuestra vida personal.

En nuestra imagen

Al llegar tarde, los minutos que nos atrasamos tienen un efecto dominó. Más que afectarnos solo de forma individual, tienen un efecto en el lugar donde trabajamos. A pequeña escala, la primera y más evidente consecuencia es que comunican mucho de nosotros. Por lo que, independientemente de la calidad de excusas irrefutables que presentemos, ser impuntuales dará la impresión de que nuestro trabajo no nos importa suficiente.

Si bien es cierto que si realizamos satisfactoriamente nuestro trabajo y si no ponemos en riesgo la vida de nadie con nuestra impuntualidad es posible que no nos despidan por ello, lo cierto es que llegar tarde nos puede hacer perder oportunidades de las que quizás ni siquiera estemos conscientes. Según una investigación realizada por Diana DeLonzor, autora del libro ‘’Nunca más llegues tarde’’, los gerentes de diferentes empresas suelen ascender menos frecuentemente a empleados impuntuales.

Lo anterior se debe en gran parte a que la puntualidad está estrechamente ligada a la responsabilidad. Si no somos capaces de cumplir los horarios que nos proponemos, difícilmente podremos manejar nuevas tareas que se nos asignen. De igual forma, acordar nuestra asistencia a algún lugar en una determinada hora se convierte en una promesa hacia la otra persona de que nos encontraremos ahí. No hacerlo es, además de una falta de control de nuestra parte, una falta de respeto.

En el lugar de trabajo

Asimismo, los lugares de trabajo suelen ser en su mayoría sistémicos. Es decir, trabajan en conjunto y son interdependientes. Lo que una persona hace afecta a otra y lo que un departamento hace influye en otro. El conjunto es lo que define a la empresa u organización. Es por ello que llegar tarde al trabajo, más que dañar nuestra imagen personal, también estamos afectando al lugar del que formamos parte.

Existe también la posibilidad de que nuestros compañeros de trabajo que sí llegan puntuales comiencen a imitar nuestra conducta o incluso a considerar como una injusticia el hecho de que, a pesar de nuestra impuntualidad continuemos teniendo trabajo.

Asimismo, la impuntualidad en el lugar de trabajo puede tener otras consecuencias de mayor índole. Una de ellas es causarle una imagen de incongruencia a la empresa u organización. Lo anterior puede ser, por ejemplo, a causa de nuestra ausencia en alguna reunión importante en la que se brinden lineamientos generales. Al desconocerlos correremos el riesgo de actuar de forma diferente al resto de los demás.

El elixir de la puntualidad

Si todavía seguís pensando que “es mejor tarde que nunca’’ te contamos que además de todo lo mencionado, la falta de puntualidad es síntoma de una de las principales causas de estrés: el mal manejo del tiempo. Lo anterior sucede porque normalmente planificamos nuestras actividades en base al tiempo reloj, cuando la realidad que nos rodea está compuesta de irregularidades e imprevistos que en el tiempo reloj no solemos considerar.

Tal como lo menciona Diana DeLonzor en su libro Nunca más llegues tarde, la clave a la puntualidad reside en un cambio en nuestra concepción mental que involucra entender que “A tiempo es tarde’’. Lo anterior significa que planificar nuestras actividades para estar a la hora acordada es la verdadera raíz de nuestra impuntualidad, puesto que lo anterior no contempla todos los imprevistos que pueden surgir.

Como DeLonzor sugiere, para dejar de lado la frustración de llegar tarde todo el tiempo, lo ideal es ponernos nuestras propias fechas “límite´´ adelantadas. Lo anterior implica que si tenemos alguna tarea que hacer para una determinada fecha nos propongamos terminarla siempre para uno o dos días antes. Solo de esa forma reduciremos al máximo el estrés y la ansiedad que acompañan la impuntualidad y aprenderemos a disfrutar el placer de tener todo bajo control.

 

 

 

 

 

 

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