Oportunidades

9 May 2017
Oportunidades | Por: Redacción

Dos chilenas en El Salvador relatan su historia e invitan a que estemos orgullosos de nuestro país

Nosotras, dos chilenas, atravesamos 5 mil 795 kilómetros en línea recta para llegar al pulgarcito del continente y conocer en primera persona cómo es El Salvador. A pesar de las distancias, existen bastantes similitudes con la cultura chilena aunque con las características propias de un pueblo tropical que vive con 27 grados de calor promedio al año. Mariscos, pupusas, sonrisas y grandes corazones caracterizaron nuestro viaje al país más pequeño de la hermosa Centroamérica.

Por: Carla Suazo y Vanessa García

Bienvenidas a la “Ciudad País”

Al comienzo fue complejo entender la geografía y distribución urbana. Sentíamos que estábamos todo el tiempo en una sola ciudad, ya que las distancias son cortas y es posible trasladarse de un departamento a otro sin advertirlo.

San Salvador, Antiguo Cuscatlán, Santa Ana, Sonsonate y otras ciudades comenzaron a definirse individualmente ante nuestros ojos, siempre acompañadas de un mapa que nos permitiera entender dónde estábamos.

Lo mejor es que El Salvador goza de pequeñas distancias que permiten conocer su linda geografía e historia, en pocas horas de traslado. Si sales temprano, puedes pasar la mañana en el Volcán Ilamatepec y aprovechar la tarde en el Puerto de La Libertad, sin que se vaya el día tan rápido.

El Perú de Centroamérica

Dicen que por el estómago se conquista y así fue en El Salvador. Su gastronomía resalta respecto a otros países, por lo que le bautizamos como el Perú de Centroamérica.

Las pupusas de queso con ayote, la mariscada, el chirmolito, las boquitas de todo lo que puedas imaginar; el elote loco, los desayunos típicos (frijoles molidos con huevo y plátano frito), las rigüas, sorbetes de carretón y tantas otras delicias fueron para nosotras toda una revolución culinaria.

Lo mejor es que, en la mayoría de las casas, siempre hay frijoles fritos disponibles, lo cual le viene bien a todo. Para que nos crean, antes de irnos nos aseguramos de aprender a hacer pupusas y así replicarlas en nuestras casas. ¡Quedaron deliciosas!

¡Puya, qué trabazón!

Las trabazones comienzan a las 5 y media de la mañana, hora en que los buses ya llevan media hora realizando sus recorridos.

La falta de semáforos, señalética y, por supuesto, la gran cantidad de automóviles, cuyo parque vehicular alcanza 1 millón 395 mil 000 vehículos, según datos consignados en diciembre del año pasado por la Unidad de Registro Público de la Dirección General de Tránsito, son algunas causas de la congestión. Sin mencionar que, los conductores también tienen un grado de responsabilidad al momento de estar frente al volante.

En una trabazón puedes estar hasta casi dos horas, si vas desde Antiguo Cuscatlán hasta la Universidad Nacional de El Salvador (UES). Recorrido en el que puedes observar cómo el microbús va congregando a más y más gente de pie, la que debe lidiar al mismo tiempo, con los movimientos rápidos e inesperados que ejecuta el bus, sin mencionar a los valientes que van colgando desde el exterior de la máquina sujetados de los barrotes.

Sin lugar a dudas, una experiencia para vivir y reflexionar sobre la calidad de vida, y el transporte público que merece el trabajador salvadoreño. No es imposible andar en bus, pero las claves son sujetarse bien, andar con zapatos cómodos y pendiente de robos.

¿Más hombres que mujeres?

Si caminas por las calles de El Salvador, si vas en el microbús o vas a comer, te quedas con la sensación que hay más hombres que mujeres. Parecen ser mayoría.

Sin embargo, consultando con lugareñas acerca de este fenómeno, nos señalaron que son las mujeres quienes lideran en número (52.07% de la población según el Censo 2007) y que, en muchos casos, las damas se quedan en casa cuidando a sus hijos y encargándose de las tareas del hogar. O, por el contrario, representan al grueso de la población universitaria en el país. Aun así, es posible ver a más hombres que mujeres, es porque ellos aún, en su mayoría, son el sustento de la familia y, por ende, a quienes más te encontrarás en tus salidas.

A raíz de esta aparente sobrepoblación de hombres, nos fijamos que cuando ven a una mujer “maquillada” o con vestimenta fuera de lo común (como lo es la falda arriba de la rodilla con camisa suelta), sus ojos pueden volverse a mirar. Esta situación ocurre reiteradamente en microbuses o en sectores industriales, donde trabajan muchos hombres, quienes, sin pudor, gritan piropos (halagos) o lanzan besos al aire insistentemente, lo cual resulta muy incómodo. En algunos casos sueles sentir cierto acoso.

En Chile, acostumbramos a regañar a los “acosadores callejeros”. Acá lo hicimos, sorprendiendo a los conquistadores urbanos con nuestra aventada reacción.

Servicio a flor de piel

Dar un buen servicio al cliente pareciera ser la consigna de los locales de El Salvador. La atención en todo tipo de contexto siempre es acogedora. En puestos de comida, restaurantes, tiendas de ropa, venta ambulante o en el mercado de verduras, los dependientes no escatiman en sonrisa y amabilidad.

Provenientes de un país del extremo sur del mundo, donde las personalidades tienden a ser algo “frías”, nos encontramos con un nuevo concepto de interacción en El Salvador. Por muy apurado que andes, siempre hay tiempo para saludar, conversar un poquito o regalar una sonrisa a tu interlocutor.

Sociedad Trabajadora

A saber a qué hora se despierta la ciudad. Por mucho que se madrugue siempre habrá alguien que ya se levantó a trabajar.

Desde muy temprano podemos observar ventas de todo tipo en las calles. Pupuserías, venta de pastelitos con café, atol de elote, licuados y sándwiches para quien no alcanzó a desayunar. También no hay excusas a la hora de trabajar, ya que si es necesario subir a vender al autobús, donde no cabe un alfiler de lo lleno que está, lo hacen igual. Ten por seguro que, si llegas a la cima de una montaña de un lugar completamente desolado, encontrarás un puesto de fruta o sorbetes, situación que comprobamos con nuestros ojos.

Ahijado de Estados Unidos

Que el salvadoreño sueña con emigrar a Estados Unidos no es novedad. Grandes y chicos tienen este deseo que muchas veces vienen anhelando desde primaria. De hecho, dos de las grandes características de este país es que manejan el inglés a la perfección (claro, quienes tienen acceso a ello, sector medio y alto del país), y que los Call Center “gringos” suelen ser el primer trabajo al que acceden los jóvenes que salen del bachillerato.

Hay otras cuestiones que los hacen ser los “ahijados de Estados Unidos”; los School Bus reciclados que llegan desde el norte para convertirlos en parte de la locomoción colectiva y que las calles están repletas de publicidad alusiva a “comida rápida”. Gigantografías luminosas que informan sobre precios económicos es posible verlas a ambos lados de la calzada, contrastando con la idiosincrasia del salvadoreño -mujeres con pañuelos blancos en sus cabezas y hombres de camisas, y pantalones largos pese a la gran sensación de calor que se respira en el país- que camina rápido para llegar a su destino.

Asimismo, llama la atención el gran espacio que ostenta la embajada de Estados Unidos en el país; varias calles resguardadas por cámaras gigantes y guardias de seguridad las 24 horas, que incluso no permiten grabar ni con celular. Existe un vínculo muy estrecho con los estadounidenses y los salvadoreños lo saben.

El Salvador, país para querer

Después de casi dos meses de estadía en El Salvador, podemos decir que conocimos gran parte de su cultura y detalles que le harán diferenciarse de otros países.

Los lugares los hacen las personas y aquí descubrimos un rinconcito del mundo donde lo más importante es la familia, la religión, el respeto entre las personas y, por qué no, el disfrute de la vida y las estrategias para hacerlo en un país conocido mundialmente como “uno de los más peligrosos”.

Conociendo las altas cifras de delincuencia y noticias negativas que salen todos los días, nos aventuramos a desmitificar la verdad sobre El Salvador y, a propósito, podemos decir que es un país normal, donde ocurre lo que en todo el mundo: desigualdades, pobreza y también mucha riqueza, desarrollo, profesionalismo y lo más importante, muchísima voluntad para sobreponerse a los problemas.

Invitamos a todos los salvadoreños a enorgullecerse de su país, ya que posee bondades dignas de resaltar, partiendo por la calidez de su gente hasta las grandes bellezas tropicales con las que cuentan. Es fundamental que los más jóvenes se animen y comiencen un proceso de transformación cultural que les permita renovar sus energías y diluir los estigmas que rodean al país. Al menos, desde esta vereda, nos encargaremos de difundir el buen nombre de El Salvador y de su gente en nuestros siguientes viajes por el mundo.

  • William Alexander Cruz

    Se les olvidó mencionar a los muchachos simpaticos y trabajadores que asisten a la UES algunos va :V

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