Oportunidades

15 Ene 2013
Oportunidades | Por: Benjamin Valdez

¿Cómo entender las normas jurídicas?

El bufete de abogados Benjamín Valdez y asociados con alianza estratégica con MedioLleno estará realizando entregas noticiosas para que todos los lectores que estén interesados en comenzar a armar sus propias empresas y quieran asesoría legal de cómo hacerlo desde el punto de vista jurídico puedan tener sus respuestas en la sección de Oportunidades.

 

Las normas jurídicas han existido desde los inicios de la civilización. Desde la antigüedad, ya sea de forma oral o escrita (por ejemplo, el Código de Hammurabi), las normas han acompañado la vida social de la especie humana, dictando la conducta apropiada para la convivencia en conjunto. Tan innatas y arraigadas están en nosotros estas normas, que las asimilamos en nuestra inconciencia, aunque no haya día que pase en las que, directamente, influyan nuestras vidas. No hay que ir muy lejos para comprobar esto; incluso comprar un chicle en la calle, está regido por normas jurídicas.

 

Filosóficamente hablando, las normas jurídicas nacen de una ficción por la cual la sociedad abandona ciertas libertades en favor de un ente que utiliza dicho abandono para normar la conducta de la misma sociedad. A esto se le llama el “contrato social” y lo podemos reconocer claramente en el rol que juega el Estado para con sus ciudadanos, y las diferentes facultades que este ejerce en relación al sistema judicial, al poder ejecutivo, y, primordialmente, al de legislar, o dicho más sencillo, a la facultad de crear normas.

 

En la práctica, las normas se traducen en las leyes que conocemos. Estas leyes son intentos de una sociedad de acoplar la conducta humana a reglas de convivencia generalmente aceptadas y que tradicionalmente seguimos. Existe una variedad diversa de leyes, pero reconocemos, en todas, principios básicos que ellas mismas deben de cumplir, así como principios básicos que los ciudadanos debemos cumplir en relación a ellas.

 

Siguiendo esta lógica, las leyes deben de servir exclusivamente para promover el bienestar de la sociedad que voluntariamente cedió sus libertades para su creación. Por eso consideramos perjudiciales las normas que buscan limitar excesivamente el derecho a la vida, el derecho a la libertad económica, o el derecho a la privacidad. ¿Qué pensaríamos si alguna ley prohíbe que cualquier persona viva más allá de los treinta años? O, ¿qué pensaríamos de una ley que prohíba a las personas comprar sus casas? De la misma forma, estas deben de ser redactadas bajo ciertos parámetros y dentro de ciertos ámbitos. ¿Será apropiada una ley que nos diga qué debemos desayunar los días lunes? Las leyes deben de ser de estricto cumplimiento, de aplicación general y deben de seguir un proceso definido para tener vigencia. Esto se traduce en lo siguiente: la norma se debe de cumplir obligatoriamente, aun cuando no haya una consecuencia directa por su incumplimiento; debe de ser dirigida a todos los ciudadanos sin excepción; y, debe de ser promulgada por un órgano específico y con facultad para hacerlo, respetando el orden establecido para su creación.

 

La aplicación de estas leyes también es de suma importancia. ¿Cómo debemos los ciudadanos aplicarlas? ¿Cómo lo debería de hacer el Estado? Para responder a esto, nuestro sistema jurídico nos provee de una doctrina llamada el “principio de legalidad”. Este dice, en términos sencillos, que los ciudadanos pueden realizar todo acto que la ley no les prohíba, mientras que el Estado no puede realizar actos que no le estén expresamente permitidos. En otras palabras, yo puedo hacer todo aquello que la ley no me prohíba: puedo, dentro de lo legal, disponer de mi propiedad en la forma que quiera o puedo destinar mi dinero en lo que quiera. Por el otro lado, el Estado necesita una autorización legal para actuar. CEPA no puede destinar el Aeropuerto Internacional de Comalapa como parqueo de carros, y CEL no puede dedicarse a la venta de celulares, aun cuando ambas son entidades jurídicas con sus propios derechos.

 

Las normas, aunque suenen intangible e invisibles, están más presentes en nuestras vidas de lo que pensamos. Toda actividad puede reducirse a una norma jurídica. El “montarse” en bus, pagar el pasaje, ir a trabajar; todo esto puede traducirse en “prestar un servicio”, “pagar un precio” y “prestar servicios laborales”. De allí la importancia de conocer las normas y, sobre todo, entenderlas. Espero que con esta serie de escritos podamos incursionar un poco en el mundo del derecho y las leyes, en todas sus ramas. Espero tratar temas como “qué impuestos debo pagar”, “cómo monto una sociedad”, “cómo empiezo una empresa”. Espero también que sean de su provecho y disfrute, y una herramienta útil para su vida cotidiana.  

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