Opinión

9 Ago 2018
Opinión | Por: Eduardo Rosales

¡Yo también me comprometo, la participación ciudadana es mi reto!

Actualmente, existe un deterioro en la calidad de la democracia en todo el mundo, logrando que el año 2018 se convierta en el año de mayor crisis democrática desde 1998. Según datos del Latinobarómetro, El Salvador se encuentra en la clasificación de los países que menos apoyan a la democracia, teniendo solo un 35% de la población que la apoya. Uno de los principales problemas que tienen nuestras democracias, en especial las de Centroamérica, es la falta de capacidad que poseen los Estados para formular y ejecutar políticas públicas. Esa debilidad se vuelve en algo crítico a la hora de confiar en las instituciones, combatir la corrupción, la inseguridad y generar empleos de calidad. Según datos de la CEPAL, tres de cada cuatro ciudadanos de América Latina tienen poco o ninguna confianza en sus gobiernos y alrededor del 80% manifiesta que la corrupción está extendida en las instituciones públicas.

De esta forma observamos como el demos y el kratos están distanciados cada vez más.  Hay enormes retos en los temas de gobernanza tanto a nivel global, regional y nacional. No obstante, nuestros gobernantes pretenden llenarnos de normas formales (leyes) para ejecutar políticas públicas; cuando en realidad necesitamos promover e impulsar la construcción de una cultura ciudadana.

Entre 1980-1990, Colombia dio paso a la formulación de políticas públicas tomando en cuenta la cultura ciudadana. Pero ¿qué tiene que ver la cultura ciudadana en el diseño o quizá en la implementación de una política pública? ¿Acaso no bastan las normativas jurídicas y altos presupuestos para ejecutarlas e implementarlas? La participación ciudadana no solo se ha vuelto en el principal cheking balance ante los tres poderes del Estado y salvaguarda el poder que “emana”, y “reside” en el pueblo; sino que, también es un componente vital para la ejecución de las políticas públicas, pues al final nosotros sufrimos las consecuencias

En El Salvador, la participación ciudadana se ejerce de dos formas: la primera a través del sufragio y la segunda fiscalizando las finanzas de las instituciones públicas, utilizando la Ley de Acceso a la Información Pública.

Entendamos un poco los datos duros del país. Según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), el total de la población que acudió a ejercer el sufragio en los pasados comicios legislativos fue el 46.09%, mientras que en 2015 se tuvo una participación del 48.23%. Vemos como cada vez aumenta la ausencia de los ciudadanos a la hora de ejercer sus derechos y es que simplemente los salvadoreños están desencantados con la forma en como los partidos ejercen la política. Lo más preocupante de ese descontento es que surgen figurar populistas o lideres mesiánicos, que predican estar en contra del establishment actual. Y es que el populismo se encuentra en la izquierda como en la derecha, con la intención de perpetuarse en el poder.

Es preciso que como ciudadanos nos empoderemos, nos informemos y aprovechemos los mecanismos para ejercer contraloría a los poderes del Estado. Si queremos que nuestros gobernantes trabajen para el pueblo, sepamos anteponer el raciocinio a la hora de ejercer nuestro voto.

Es hora de actuar, es hora de participar. ¡Seamos parte de la solución y no del problema!

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