Opinión

12 Mar 2015
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Yo no fui, fue Teté

Debemos exigir funcionarios independientes y a la altura de su cargo. No podemos conformarnos a tener un TSE incompetente cuando la democracia está en juego.

Después de más de una semana de haber concluido las elecciones no teníamos con certeza quiénes serían los nuevos alcaldes, diputados del Parlacen, ni cómo se compondría la aritmética legislativa. Es un atraso enorme si tomamos en cuenta que en las últimas elecciones pudimos seguir los resultados en tiempo real y pasaron pocas horas para que tuviéramos los resultados finales.

Ahora todo lo que pudo salir mal salió mal. Lejos de tomar responsabilidad para saber en qué se falló y corregirlo, el Tribunal Supremo Electoral (TSE), liderado por Julio Olivo, se ha dedicado a dar más excusas que soluciones. Olivo ha dicho que la culpa es de varios: del robo de la fibra óptica, de la Sala de lo Constitucional (no sabía que a ellos les compete montar las elecciones), de una impresora mal configurada y de la empresa “Soluciones Aplicativas”.    En pocas palabras, la culpa puede residir en cualquier lado menos en el mismo tribunal.

El problema con el TSE es que está lleno de representantes partidarios, quienes lógicamente responden a quienes los pusieron ahí más que a su deber cívico. La Asamblea Legislativa tiene una gran deuda con nosotros al no haber tenido hasta ahora la voluntad para impulsar una reforma electoral que finalmente “despartidice” al TSE.

¿Por qué es tan peligroso que el TSE tenga magistrados partidarios? ¿No ayuda esto a crear una especie de frenos y contrapesos? Algo muy importante y que no podemos obviar cuando hablamos de políticas públicas, son los incentivos que mueven a los individuos. Lastimosamente el órgano estatal se presta mucho para que la condición para llegar a un puesto sea la lealtad partidaria y no la competencia. De esta forma vemos cómo las oficinas gubernamentales se van llenando de gente que defiende al partido lejos de tener como prioridad su desempeño laboral.

Esto no es decir que todas las personas que trabajan para el Estado son incompetentes. Conozco a muchas personas que tienen excelentes aptitudes para hacer su trabajo y lo hacen muy bien, sin embargo, esto parece ser la excepción y no la regla. Julio Olivo definitivamente no es la excepción. Hemos visto cómo el tipo ha querido desmarcarse de cualquier culpa del desorden del tribunal. Olivo incluso dijo que él responde al FMLN y que sólo renunciaría si el partido se lo pide.

Esto es totalmente inaceptable. Si a Julio Olivo le queda una onza de decencia, respeto propio y respeto por el país, debe renunciar una vez concluya el escrutinio final. Aunque no solo debería hacerlo Olivo, deberían hacerlo el resto de magistrados que conforman el TSE. Como cuerpo colegiado, la responsabilidad de esta paupérrima labor recae sobre todos ellos, especialmente sobre Olivo.

Lo realmente preocupante es que poco a poco esta situación parece más un plan que un accidente. Hay mucho secretismo sobre las negociaciones de los partidos “detrás del telón”. La prensa no ha tenido acceso completo a cómo se va desarrollando el proceso, y cuando lo tienen han sido solo los medios afines a la izquierda. En redes sociales han vuelto a soltar una legión de “troles” para desinformar sobre las iniciativas ciudadanas que exigen transparencia y la renuncia de los magistrados.

Accidente o no, debemos exigir funcionarios independientes y a la altura de su cargo. De nada sirve que nos quedemos cómodos en nuestras casas quejándonos de la situación. De poco sirve que seamos activos en redes sociales si ese descontento no se traduce a presión real. No podemos conformarnos a tener un TSE incompetente cuando la democracia está en juego.

 

 

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