Opinión

5 May 2017
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

¿Y si mejoramos nuestra educación ciudadana?

Incomodan las decisiones e indecisiones de los funcionarios. Molesta la incapacidad evidente para conducir situaciones delicadas. Enoja la desvergüenza de muchos para hacer fiesta con dinero público.

Las tertulias acerca de los funcionarios e instituciones públicas son interminables. En otras columnas disfrutaré escribir sobre ello. Pero, es menester este preámbulo para reconocer que no todo debe recaer sobre el Gobierno y sus funcionarios, ellos no tienen toda la culpa. El 70 % de los problemas sociales son atribuibles a nosotros, los ciudadanos.

Es prácticamente imposible visitar otro país y no hacer comparaciones mentales con la actualidad de mi país. Casi siempre termino decepcionado. Realmente carecemos de educación ciudadana, de buenos hábitos, de convivencia pacífica y, sobre todo, de respeto a la ley.

Para muestra, varios botones, o mejor dicho, ejemplos de dos importantes ciudades españolas: a) se necesita ticket para abordar el transporte público, el cual es insertado en máquinas especiales sin más control que las cámaras de seguridad; b) los peatones caminan libremente en los pasos de cebra cuando el semáforo les permite y en los lugares donde no hay semáforo, tienen vía libre para cruzar sin miedo a ser arrollados, pues los vehículos detienen su marcha; c) los kioscos de ventas de diversos artículos, principalmente “souvenirs” se encuentran al alcance de los visitantes y no necesitan ser vigilados por sus dueños, estos permanecen al final, cobrando y no tienen visibilidad de todos los productos que se extienden en su kiosco; d) la basura es adecuadamente depositada en los contenedores dispersos por la ciudad, no en la calle; e) los aficionados de distintos equipos se cruzan entre ellos, sin sufrir agresiones verbales o físicas (yo tuve la oportunidad de compartir con aficionados alemanes); f) lo mejor: es un placer caminar a la medianoche por las calles y plazas rodeado de cientos de personas, sin ningún temor ni obstáculo.

Es imposible observar esto y no pensar en mi país, y el radical cambio positivo que daría si cumplimos con las normas elementales de convivencia y el orden ciudadano. Solo se me ocurrió la cantidad de listillos que ignorarían el control de seguridad y utilizaran gratis el transporte público. La multitud de motoristas que no conocen la cortesía y dejan a los peatones que crucen la calle hasta que no pase ningún carro; aquí también confluye la imprudencia de los peatones que no respetan el tránsito vehicular e ignoran las pasarelas. El destace y hurto de productos que harían las fichitas de personas si no están bajo estricta vigilancia. Todo el suelo y lo relacionado con este es considerado basurero para nuestros compatriotas; constantemente observo carros y buses en marcha, y sus ocupantes van tirando bolsas, botellas, latas, como quien “Britany tira dulces en una carroza”. Mientras observo los grandes insultos, empujones, pechadas y golpes que se dan en frente de los televisores por el fútbol español, en ese país raramente se ha producido una trifulca entre aficionados. Y mejor no hablar de la ultra violenta aliancista. Lo peor: qué lástima no poder caminar a ninguna hora del día, sin temer que en cualquier momento esa libertad se convertirá en tragedia. Ese miedo no se le atribuye a una persona con cuatro dedos de frente, es mea culpa de los acéfalos delincuentes.

Hacemos lo que nos venga en gana en nuestro país, pero cuando visitamos otra nación fácilmente nos apegamos a las reglas y costumbres. No es difícil ser una mejor persona. Solo basta trabajar en equipo y aportar granos de amistad, hermandad, cordialidad, respeto al prójimo, a las leyes, a las normas naturales de convivencia humana, contribuir con lo que está a nuestro alcance y dar un paso más, para mejorar nuestra tierrita. Critiquemos a los funcionarios, sí, pero también pongamos de nuestra parte.

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