Opinión

24 Abr 2013
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Violencia, El hijo de la intolerancia

Atrocidades como las de Boston no caen en gracia. Una de las caras que más hemos visto es la del pequeño Martin Richard, de 8 años, quien murió por la detonación de la bomba y su hermana quien perdió una pierna. La comunidad internacional le ha dado cobertura y se ha indignado por la noticia. Válido, pero noticias como esta, con 3 muertos y decenas de heridos, hacen poner en perspectiva cosas que están pasando en todo el mundo de las que nadie habla.

La guerra civil en Siria ha cobrado más de 70,000 vidas en los 2 años que ha durado, pero difícilmente vemos a los medios internacionales o nacionales cubriendo o lamentando estas muertes. Justo el día después de la tragedia de Boston hubo un terremoto donde murieron decenas de personas en Irán, y aunque no haya sido un atentado ni algo generado por violencia, pocos le dieron atención. En Enero de este año, militares Israelís mataron a 5 jóvenes palestinos desarmados, que apenas son unas de las tantas muertes que ocurren contra niños y civiles inocentes. ¿Por qué es diferente que explote una bomba en Boston a que explote en Damasco? ¿Será porque Estados Unidos está más cerca? ¿No nos importa lo que pasa en otros lugares? ¿O es que a la vida de un gringo le damos más valor que a la de un congoleño (Por ejemplo)?

Pienso que por ahí puede ir el razonamiento (Si lo hay). Usted le cuenta esta noticia a un salvadoreño y se indigna, pero dígale que hoy asesinaron a 3 personas en El Salvador y contestan “¿Solo 3?”, como que fuera lo más normal del mundo. Vivimos en un país abatido a diario por la violencia y parecemos sentir más preocupación y solidaridad por personas a miles de kilómetros que por los nuestros. Tampoco estoy diciendo que los hechos de Boston no son lamentables, ni que no nos tenemos que sentir mal, solo hago notar la falta de coherencia al lamentar y denunciar selectivamente hechos de violencia de diferentes escalas. No me cuadra.

Está bien indignarse, pronunciarse. La violencia es un mal que sufre la mayoría de países en el mundo. Muchos de estos atentados son producto de no respetar los derechos individuales de las personas. En algunos lugares es la libertad de credo lo que no se respeta, en otros casos es la propiedad privada, y muchas veces hasta la vida, algo tan básico. Esta intolerancia hacia las creencias de los demás, o hacia su manera de pensar, muchas veces se crea desde la infancia.

¿Cómo podemos empezar a cambiar esta realidad? Una persona difícilmente hará que cesen las guerras, la intolerancia y sus productos, sin embargo tenemos la posibilidad y responsabilidad de enseñar y predicar con valores de tolerancia a las generaciones que están por venir. Detalles tan pequeños como “odiar” a los mexicanos por una rivalidad futbolística alimentan el sentido de intolerancia entre países que prácticamente son hermanos y comparten mucha historia. No se trata de convencer a todos a que piensen y tengan las mismas creencias que yo, o de imponérselos. Se trata de aprender a vivir y respetar la existencia de la diversidad de personas, pensamientos y posturas. 

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