Opinión

19 Ene 2015
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Una vida sin límites

Para sobrellevar una discapacidad es importante no tener miedo a probar cosas nuevas y no ponernos límites. La discapacidad está en la mente, no en la persona.

En 1990, con tan solo ocho meses de nacido, me diagnosticaron un problema metabólico llamado Aciduria Glutárica Tipo I, el cual al ingerir alimentos ricos en proteína me provoca cierta rigidez en los músculos y movimientos involuntarios.

Debido a dicho problema metabólico, padezco de una discapacidad física. Me movilizo en silla de ruedas y necesito la ayuda de un tutor para poder realizar mis actividades cotidianas. Gracias a Dios, aunque tengo una discapacidad, poseo características que me identifican como perseverante, carácter fuerte, sincero, sin límites, responsable, líder, cariñoso, amable, enamorado, trabajador, cooperador, entre otras.

Los primeros años de kínder en el Little To Big me sirvieron para darme energía y demostrarme que aun con una discapacidad fuerte, si uno quiere puede salir adelante. Jamás me trataron diferente. Jugaba, bailaba, comía, trabajaba, me llevaban a las excursiones como cualquier alumno. Cuando hice la preparatoria y primaria hasta cuarto grado en el colegio Augusto Walter, nunca me pusieron en educación especial. Yo era de los niños que siempre sobresalían al igual que mi excompañera Adriana, los profesores y mis compañeros siempre me incluyeron en todas las actividades educativas y de recreación.

De quinto a segundo año de bachillerato general en el colegio Laura Lethinen fue mi época de rebeldía. Al igual que cualquier adolescente, no tenía ganas de hacer deberes, pero con las malas experiencias crecí y comencé a sobresalir de nuevo a tal punto que solo una vez no pude exonerar el examen final de matemática en toda mi época escolar. Al igual que en Kínder y en el otro colegio, nunca me trataron diferente por motivos de discapacidad. Me gustaba jugar, pelear con mis compañeros, reír, comer, esconderme de los profesores, ponerles mensajes en los pupitres a mis compañeras; ir a los retiros y excursiones del colegio y a los cumpleaños de mis compañeros. Me gustaba hacer todo lo que hacían los otros, me encantaba meterme a la piscina a las 7:00 de la mañana con mis compañeros y tutora. Era un niño sin límites.

Los últimos días del bachillerato me encantó hacer locuras con todos en la pre PAES. Nunca se me va a olvidar que era todos los viernes, de 1:00 a 5:00 p.m. en el colegio, y para no sentir el aburrimiento yo les decía a todos que hiciéramos locuras juntos.

Para poder ingresar a la Universidad Dr. José Matías Delgado busqué la ayuda por todos los medios. Un profesor de Fundamadrid, que por coincidencia de la vida también trabajaba con el vicedecano de la facultad de economía, mi gran amigo, José Hernández y Hernández, fue el primero que me abrió las puertas en la universidad para poder estudiar la Licenciatura en Turismo.

En el cursillo preuniversitario, la catedrática que me dio Contabilidad Financiera, al ver que me encantaban los números y que estaba sobresaliendo en su materia durante el cursillo, me preguntó por qué no me pasaba a la Licenciatura en Economía o en Contabilidad Financiera. Yo le dije que no, porque me encantaba viajar y conocer El Salvador.

En el primer año de universidad me costó un poco acostumbrarme porque es bien diferente a la época del colegio. Quería conocer amigas y salir a comer. Ya en segundo año me acostumbré más o menos a la rutina universitaria, conocí a Karina, Sandra, entre otras, que para mí fueron grandes líderes que me enseñaron a trabajar y exponer en público; nunca me trataron diferente.

Lastimosamente no todas las personas están preparadas para trabajar y tratar con personas con discapacidad. Tenía compañeros que en los trabajos de grupo me ponían más trabajo que a los demás o me exigían que lo entregara al mismo tiempo que todos, sabiendo que por mi discapacidad necesito un poco más de tiempo para poder entregar trabajos de calidad y no mediocres. Los catedráticos aprendieron a ser accesibles e inclusivos conmigo sin tratarme diferente.

Creo que la universidad, y especialmente la Facultad de Economía, ya está más capacitada para poder recibir estudiantes con alguna discapacidad; solo le hace falta mejorar la infraestructura.

Hoy comienzo dos nuevas etapas de mi vida, en las cuales considero que es más importante que no tenga límites, estas son:

  1. Romper los paradigmas y las percepciones erróneas que las empresas públicas y privadas tienen hacia las personas con discapacidad y por la cual me está costando conseguir un empleo digno en turismo u otros sectores de la economía salvadoreña. Mi sueño también es trabajar de asesor político, que me incluyan con todo y tutor como una sola persona.
  2. Tratar de conquistar a la mujer de mis sueños y hacer que ella rompa los paradigmas y temores de aceptar a una persona con discapacidad.

Considero que para sobrellevar una discapacidad es importante no tener miedo a probar cosas nuevas y no ponernos límites. La discapacidad está en la mente, no en la persona.

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