Opinión

1 Nov 2012
Opinión | Por: Carlos Segura

Una estrella en Pakistán

Malala Yousafzai tiene catorce años. Nació en Mingora, Pakistán, en el año de 1997. Actualmente se encuentra hospitalizada en Gran Bretaña por haber sido víctima de un ataque terrorista de parte de talibanes pakistaníes el pasado 9 de octubre. Detuvieron el bus escolar donde se transportaba y le dispararon en la cabeza y en el cuello. La razón del ataque: el compromiso y la militancia de Malala a favor de los derechos civiles,  en especial los de las mujeres de su país.

En 2007, los talibanes tomaron control de la región del valle del Swat, donde vive Malala, e impusieron un régimen basado en la Sharia (Ley islámica), prohibiendo en particular, la educación de las niñas, cerrando y destruyendo escuelas. Con solo once años de edad, Malala comenzó a militar a favor del derecho a la educación de las mujeres en su país y a denunciar las violencias de los talibanes. Comenzó un blog con la BBC,  en el cual expresaba sus opiniones sobre la situación en su región controlada por los extremistas musulmanes e hizo las mismas denuncias en programas de televisión. Tuvo que utilizar un pseudónimo para evitar represalias de los talibanes. Escribía bajo el nombre de Gul Makai.

Algunos de sus escritos en el blog relataban historias y pensamientos muy profundos que reflejaban la triste realidad de las adolescentes en esa región. Por ejemplo, escribía lo siguiente:

“Fui a la escuela con miedo porque el Talibán había emitido un edicto en el que prohíbe que las niñas vayamos a la escuela. Mientras iba a la escuela escuché a un hombre decir ‘Te voy a matar’. Apuré el paso y cuando miré hacia atrás el hombre venía detrás de mí. Pero, para mi gran alivio, él estaba hablando por teléfono así que debía estar amenazando a alguna otra persona.”

“Me estaba vistiendo para ir a la escuela y me iba a poner el uniforme pero me acordé que la directora había dicho que no usáramos el uniforme sino nuestra ropa habitual. Así que me puse mi vestido rosa favorito. Más tarde, en la escuela, nos dijeron que no usáramos ropa de colores porque el Talibán no estaría de acuerdo.”

En 2009, el ejército pakistaní comenzó a lanzar operativos militares para tomar control del valle de Swat. El Gobierno de Pakistán tuvo más presencia y control de la región y los talibanes menos influencia. Malala pudo entonces hablar públicamente, fue reconocida con varios premios en su país y nominada al Premio Infantil Internacional de la Paz.

Sin embargo, los talibanes siguieron estando presentes en el valle. Prueba de ello es el ataque contra Malala, justificado por los talibanes por las críticas de la adolescente “contra los muyahidines” (los que combaten en nombre del Islam) y por sus “posiciones pro-occidentales”. Justificaciones tan básicas y arcaicas, que parece que el cuento de pelear en nombre de la religión nunca va a acabar. Repito e insisto, como en la columna “La  muerte de un Embajador: Reflexiones sobre el extremismo”, por eso es tan importante inculcar en nuestras juventudes los valores de la laicidad y de la absoluta separación Religión-Estado en todos los países del mundo.

Una estrella ha nacido en Pakistán. Una estrella que lucha por el respeto de los derechos civiles en un país muy afectado por ideologías ancladas en el pasado. Afortunadamente ha sobrevivido a un ataque armado, con lo que la esperanza sigue viva. Todas las mujeres oprimidas en el mundo deberían seguir su ejemplo. Le corresponde a la Comunidad Internacional  y al Gobierno de Pakistán, el promover la imagen de Malala y luchar contra los extremistas que impiden el correcto desarrollo en libertad de nuestros jóvenes.

Como lo expresó el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, son admirables los “esfuerzos valientes de Malala Yousafzai por promover el derecho fundamental a la educación inscrito en la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

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