Opinión

20 Sep 2016
Opinión | Por: Fabiola Alfaro

Una educación integral no solo implica las materias básicas

De acuerdo con la constitución de la república, la educación en El Salvador es un derecho inherente al ser humano y en su consecuencia, es finalidad primordial del Estado su conservación, fomento y difusión.

Como parte del proceso formativo dentro de los centros escolares en El Salvador, se imparten las materias básicas: lenguaje y literatura, ciencias y medio ambiente, estudios sociales, matemáticas e inglés. Sin embargo, una educación integral no solo implica el estudio de las materias básicas antes mencionadas, sino otras tan importantes como el arte, cultura, deporte y la educación cívica y ética. En esta columna haré especial referencia en la educación cívica y ética.

Si bien es cierto, la primera institución encargada de formar a los seres humanos tanto moral como espiritualmente es  la familia; la escuela no debe ser excluida de este proceso formativo. Todos los sistemas educativos deberían tener como meta la integración de conocimientos y de valores éticos y morales. La sociedad actual necesita fundamentar la convivencia en la justicia, la libertad, la tolerancia y el respeto.

Educar en valores debería formar parte de cualquier proyecto educativo y social. Lamentablemente el sistema educativo salvadoreño no le está tomando la importancia que merece ¡y vaya que lo necesitamos!

Hace ochos años, cuando yo cursaba mi último grado de educación básica, la materia “educación en valores” aún era parte de la currícula educativa. Un tiempo después esa materia paso a llamarse “orientación para la vida”, sobre todo en educación media.

La realidad es que a los estudiantes no les interesa recibir este tipo de orientación y a los docentes tampoco les interesa impartirla. Tuve la oportunidad de hablar sobre el tema con Nathaly, una niña de 12 años, estudiante de sexto grado. Ella me comentaba que rara vez veía la materia de educación moral y cívica. Nathaly hace hincapié que en su salón de clases  solamente hay un gran cartel sobre la pared que contiene el nombre de algunos valores.

¿Será que lo único que se necesita en las escuelas salvadoreñas son carteles que mencionen los valores? ¡Por supuesto que no! Urge que en nuestras escuelas no solo se les imparta a los niños materias básicas, sino que también se les forme en valores, y cuando hablo de valores no solo me refiero a morales.

En el mundo de hoy, la educación en valores implica una educación que enseñe a los seres humanos a ser personas responsables, incluso desde que son niños. Pues educar no solo es instruir, sino formar ciudadanos responsables.

Asimismo, la educación en valores implica una educación multicultural, la educación no sexista, la coeducación y la educación ambiental. La educación multicultural implica enseñar a los niños que vivir en un ambiente multicultural enriquece a los individuos y les aporta valores como el respeto y la tolerancia hacia otras formas de vida distintas a la propia, que implica en ocasiones modos de pensar también distintos a los nuestros.

La  educación no sexista aboga cada vez más por un sistema menos discriminatorio por razón de sexo, con el fin de que las desigualdades basadas en el género que se puedan producir en la sociedad, no sean transmitidas por la educación académica.

Por su parte la implementación de la coeducación en el aula se basa en que tanto el hombre como la mujer, aunque sean diferentes, deben esforzarse a lo largo de su vida por conseguir un desarrollo personal y social en común, sin enfrentamientos. La educación ambiental implica que los seres humanos desde temprana edad adquieran conciencia de la importancia de cuidar y proteger el medio en el que se desarrollan ya sea individual o colectivamente con el fin de lograr un desarrollo sostenible.

No es fácil lograr una educación integral, menos si no existe la conciencia y la voluntad de querer lograrlo. Este proceso implica un esfuerzo conjunto no solo por parte del Ministerio de Educación, sino que también un esfuerzo extra por parte de los docentes, directores, padres de familia y por su supuesto los estudiantes.

 

 

 

 

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