Opinión

11 Ene 2016
Opinión | Por: Ricardo Hernández

‘Una computadora por niño’, un programa que debe analizarse

Si queremos ver resultados positivos, tendríamos que formular políticas que sean congruentes con la realidad nacional y que estén bien planificadas para perseguir un objetivo educativo como nación.

Los spots han sido insistentes. Tanto en radio como en televisión se despliega el mensaje del presidente recordándonos que sus promesas se están cumpliendo, seguida de la parafraseada idea de: “Una computadora por niño es mejorar la calidad educativa del país”.  Estos mensajes pueden parecer ciertos, y más si están acompañados con cánticos e imágenes de niños con una Lempita en sus manos; pero a pesar de la parafernalia a la que nos tienen acostumbrados, esto no deja de ser una falacia.

En primer lugar, que un estudiante posea una computadora no es un indicador de calidad educativa per se. Si bien la UNESCO señala que el acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) puede contribuir a la mejora de aprendizajes, que los niños y jóvenes cuenten con una computadora no es un indicador de calidad educativa que pueda ser tomado en cuenta como los resultados de la PAES u otra prueba estandarizada. Tampoco tener acceso a un ordenador facilitará resolver los principales problemas por los que atraviesa actualmente la escuela salvadoreña. Las tecnologías al alcance de los jóvenes se quedan cortas si no se sabe aplicarlas con fines educativos.

¿Existe alguna propuesta de implementación de esta política? ¿Estas computadoras cuentan con programas especiales que contribuyan a reforzar las materias básicas? ¿Cómo y cuándo se usan estas Lempitas en las instituciones educativas, donde en la mayoría de los casos no tienen acceso a internet? ¿En serio van a conseguir un millón y medio de Lempitas como anunció el presidente en su pasada campaña?

Creo que hay más preguntas que respuestas, y muchas de estas dudas aún no las tiene claras el ministro de Educación, según las entrevistas que he escuchado en algunos medios radiofónicos. Sinceramente, creo que la escuela salvadoreña tiene muchas otras necesidades como para invertir toda esa plata en comprar computadoras, herramientas que muchas veces hasta los mismos maestros no manejan adecuadamente y cuyo plus está en su conectividad a internet. Probablemente sea una buena idea, pero actualmente hay muchas otras necesidades educativas en las que podrían emplearse dichos recursos y que el Ministerio de Educación no está respondiendo oportunamente, como infraestructura y presupuesto escolar, libros y material de apoyo, bibliotecas, canchas deportivas, y asignación de plazas a docentes jóvenes.

Se me hace mucho más urgente que nuestros estudiantes logren una lectura comprensiva, aplicar las matemáticas a su entorno, tener las bases necesarias de conocimientos científicos, y eso se logra con padres interesados en la educación de sus hijos, con maestros bien capacitados y competentes, y con proyectos donde se involucre la empresa privada y la comunidad.

Si queremos ver resultados positivos, tendríamos que formular políticas que sean congruentes con la realidad nacional y que estén bien planificadas para perseguir un objetivo educativo como nación. Políticas (como señala el informe del PNUD de 2013) que tengan seguimiento, donde se tomen en cuenta las aspiraciones, necesidades y derechos de las personas, y no promesas ligeras que persigan nada más un voto durante la campaña.

De entregar una computadora por niño la verían difícil los estudiantes de la escuela 70047, una pequeña escuela en un cerro de Panchimalco, donde muchas familias no cuentan con agua potable, energía eléctrica ni seguridad en su entorno. Escuelas así hay muchas. ¿Qué se pretende hacer para sacarlas de esa condición?

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