Opinión

14 Ago 2018
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Un tesoro perdido en El Salvador y en el mundo

En esta ocasión quiero hablar de un tesoro que estamos perdiendo poco a poco, tanto en nuestro país como en el mundo, en los gobiernos y en la sociedad. No es dinero, no son propiedades, terrenos, tecnología, personas ni cosas materiales, sino aquella riqueza que nos hace mejores personas, que nos hace que demos lo mejor de nosotros a los demás y que no seamos egoístas, injustos. Que nos hace que busquemos la verdad, que no agarremos lo que no es nuestro o más allá de lo que necesitamos para vivir. Les hablo del tesoro de los valores y principios.

Todo acto o hecho que hagamos, bueno o malo, tiene o trae consecuencias que debemos pagar ya sea de forma positiva o con un castigo, prisión, regaños, llamados de atención. Por ejemplo, si somos generosos con los más necesitados, tarde o temprano nos recompensará alguien aquí en la tierra, o la misericordia de Dios. Pero, si violamos, robamos, somos corruptos, matamos a cualquier ser humano desde el momento de la concepción hasta la tercera edad, o si hacemos cualquier otro acto negativo, debemos pagar tal y como es el castigo que conlleva dicho acto.

Para entender mejor lo anterior les pongo un ejemplo claro: un papá le dice al hijo que está chiquito y está descubriendo el mundo que no meta el dedo en un tomacorriente. Pero, como somos tan desobedientes siempre lo mete y quizás hasta con más ganas, sin pensar que vienen las consecuencias, las cuales son que se va a quemar el dedo, le va a agarrar la corriente y puede provocar un incendio en la casa. La mayoría de veces el ser humano hace las acciones sin pensar en lo que viene o en lo que esto puede provocar a ellos mismos y a la sociedad.

El tesoro que hemos perdido lleva adentro los siguientes valores y principios: el amor a Dios y a la vida, la honestidad, la generosidad, la humildad, la sencillez, la honradez, la paz, la tolerancia, la aceptación de cómo somos y de nuestra realidad, la justicia ( tratar a todos por igual), la cooperación, la unidad, la trasparencia, el trabajo en equipo, el cariño, la comunicación en familia y en la sociedad, y la empatía.

Hoy en día decimos y pensamos “puedo hacer algo malo y como lo acepto, quedo en libertad”. Considero que decir eso es un error porque quizás quedemos libres de la justicia terrenal, pero si es una figura pública o alguien de la sociedad, primero ya no vamos a confiar en esas personas y segundo los que creemos en Dios sabemos que existe una justicia divina al mismo tiempo que existe una misericordia. Pero, nadie que vive en la tierra se quedará sin recibir las consecuencias de sus actos. ¡Tarde o temprano pagamos lo que hacemos, y como dicen los abuelitos, la verdad siempre sale a la luz!

Hoy en día, hemos perdido hasta las relaciones interpersonales, no queremos saber de valores ni principios que hacen a la sociedad mejor. Queremos quitar a Dios, la ética, la moral y todo aquello que nos hace buenas personas, queremos ser más que los demás y a veces hasta dioses. Queremos decidir quien vive y quien no, no nos aceptamos ni a nosotros mismos. Las mujeres usan Botox para verse más joven, los hombres agarran cosas que no son de ellos, los presidentes y políticos hacen lo que sea para conseguir su capricho, como por ejemplo ser candidato a presidente o agarrar fondos públicos para construir las mansiones que por nuestra realidad no podemos construir. En conclusión, nos hacen falta tres valores básicos que son humildad, honradez y sencillez.

 

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