Opinión

5 Jun 2017
Opinión | Por: Karen López

Un político que cumpla, no que prometa

Promesas que se adornan con palabras bonitas y terminan en nada. Como sociedad tenemos el deber de votar para elegir diputados y alcaldes, nuestra decisión para las más próximas elecciones en El Salvador.

El Salvador está próximo a elecciones. Es un deber como ciudadanos ejercer el sufragio, pero ¿Qué tan preparados estamos para decidir? Es cansado y tedioso escuchar promesas que diariamente se van acumulando. El resultado termina por decepcionarnos ya que cientos de promesas se dejan sin cumplir. Ser parte de un partido político no te da la potestad de engañar y vender lo invendible. Las metas que se proponen alcanzar realmente deben de ser alcanzables. La confianza parte de lo que proyectamos, de la verdad en lo que decimos y de la coherencia de lo que hacemos.

La extensión territorial de nuestro país es de 21 mil 041 km² con un aproximado de 6 mil 127 millones de habitantes, y con diferentes formas de analizar nuestro mundo. Lo único en común es que todos queremos un mejor país, por los que están y por los que vienen, por nosotros o por los que queremos. Detengamos esta guerra de poderes, esta forma de hacer ¨política¨ que nos está destruyendo. Nos destruye por puntos de flaqueza, lugares que lastiman y ponen en desacierto nuestra vida. ¿Qué tanto importamos? Somos más que estadísticas, somos quienes decidimos a quién queremos y a quién no. Ellos lo saben, pero porque no le damos la más mínima importancia. Podemos construir un mejor futuro con nuestras decisiones acertadas.

La decisión no tiene que tener color, no necesariamente, debemos ser seres razonables y decidir en base a muchos argumentos. Es hora de pensar y no ser emocionales. Lo que está bien, hagamos que funcione, y lo que este mal hagámoslo a un lado.

Al final no es una guerra de poderes, por lo menos, no la nuestra. Es una forma sana de actuar. A mí no me interesa quien me enamore de promesas, lo que me interesa es tener la certeza que esta persona trabajará por el bien común, por servir a los demás y por hacer lo más correcto siempre. No pido mucho, porque al final esa es la utopía de la política.

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