Opinión

17 Abr 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Un país que no cumple sus leyes

Primero hay que educarnos para cumplir y hacer cumplir las leyes en vez de seguir inventando leyes dibujadas como la solución para los males.

La ley es una declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite. Algo así dice el artículo 1 del Código Civil. En el Estado de Derecho, en el que supuestamente nos encontramos, todas las personas están subordinadas al cumplimiento de la ley, sin distinción de clases sociales o de otra índole.

Una característica vital de la ley es que es de obligatorio acatamiento. En la realidad, una característica vital de la ley en El Salvador es que es de obligatoria violación. Constantemente se producen leyes en el seno legislativo, muchas con persuasible título y destacable contenido, obviamente copiadas de otros países y disfrazadas bajo la falacia de que la ley aprobada es la solución aproximada al problema actual del país.

Ejemplos de la anterior afirmación los hay por doquier. Mencionaré leyes referentes al flagelo que está de eterna moda: la delincuencia. La Ley de Proscripción de Maras, Pandillas, Agrupaciones, Asociaciones y Organizaciones de Naturaleza Criminal, aprobada el 1 de septiembre de 2010, tiene como objetivo la declaración de ilegalidad y de proscripción de las pandillas o maras. Por unos días se publicaron los primeros casos de aplicación de esta ley, luego no se volvió a hablar de ella. Los entes obligados no la han aplicado, y en lugar de la proscripción, las pandillas retomaron poder para multiplicarse. El propio Órgano Ejecutivo violó dicha ley al fomentar la dizque tregua entre pandillas.

Se supone que es estrictamente prohibido el ingreso y tenencia en los centros penales de los objetos que indica el artículo 14 de la Ley Penitenciaria, y que su ingreso acarrea sanciones administrativas e ilícitos penales. Sin embargo, en pocos días se hicieron tres requisas en distintos centros penales encontrando plasmas, chips, celulares, cargadores, videojuegos, dinero y droga. Entiendo que un desesperado es capaz de introducir chips e incluso celulares en sus partes más íntimas para burlar la vigilancia. ¿Pero los plasmas? ¿Son capaces las autoridades de explicar cómo aparecieron tantos televisores en el interior de los centros penales? Mientras los encargados de la seguridad sean permisivos y cómplices con los reclusos, la corrupción seguirá imperando y los lamentos por tanta delincuencia seguirán siendo nuestro diario vivir.

La recientemente aprobada Ley Antiextorsiones augura más de lo mismo: se regulan cuantiosas multas a las empresas telefónicas que provean señal de telecomunicaciones en los recintos penitenciarios, pero la experiencia ha dicho que el Estado no es capaz de tocar empresas que tienen poder económico en el país.

El dicho “hecha la ley, hecha la trampa”, surgió de la historia de unos monjes japoneses que solo podían comer carne de animales marinos, y debido a que en ese lugar abundaban los puercos, decidieron catalogarlos como ballenas silvestres. Desde entonces, esta expresión denuncia que ante la creación de una ley, surge con ella una estrategia para transgredirla “legalmente”. Los llamados a obedecer la ley, en su mayoría los funcionarios, constantemente activan subterfugios legales para no cumplirla.

Tácito, sabiamente ha mencionado: “Cuando existen más leyes, más corrupto es El Estado”. Es evidente el alto índice de corrupción en este país, así como las tantas leyes en vigencia pero no en funcionamiento. Si las autoridades se esforzaran por cumplir la ley y luchar para que todos la cumplamos, no estaríamos en un interminable auge delincuencial, la impunidad no se impondría, se prevendrían numerosos delitos y no figuraríamos en la lista negra de los países más peligrosos del mundo.

Primero hay que educarnos para cumplir y hacer cumplir las leyes en vez de seguir inventando leyes dibujadas como la solución para los males. Por cierto, viene en camino la “Ley especial de reinserción para miembros de pandillas y jóvenes en riesgo”.

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