Opinión

14 Nov 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Un niño, una computadora: ¿éxito o fracaso?

Siempre se vuelve relevante discutir las propuestas de nuestros candidatos presidenciales. Sin duda, una gran cantidad de iniciativas de todos los personajes involucrados son sujetas a críticas muy duras, pero en esta ocasión quisiera referirme a una que llama mucho la atención: “Un niño, una computadora”, propuesta por la fórmula del FMLN. 

En ningún momento este pretende ser un análisis propagandístico o con intereses políticos. Más que respuestas dogmáticas, es necesario resaltar importantes interrogantes en torno a esta propuesta de política pública. Hay destacar que el actual gobierno ha girado la mirada hacia un sector social y educativo que fue olvidado muchas veces en el pasado, aunque con muchas dudas e incertidumbre.

Regresando al programa en específico, el proyecto pretende dotar a niños del sistema público educativo con una computadora personal que, en términos prácticos, agilice su aprendizaje en nuevas habilidades frente a un mundo cada vez más tecnológico. La modernización de los programas educativos que integran la Informática ha resultado ser muy positiva en muchos países, pero me parece que se está cometiendo el mismo error de siempre: copiar algo solo porque funcionó en otro lado.

En muchas escuelas de nuestro país, la violencia y delincuencia son un diario vivir para los niños y jóvenes. La convivencia con las maras y asaltantes de la zona es casi una costumbre en el camino de su centro escolar hacia su hogar. ¿Será, entonces que existen las condiciones de seguridad suficientes para prometer que estas computadoras no serán robadas y, por ende, los niños no serán asaltados? Si pensáramos como delincuentes, una escuela con nuevas computadoras o un niño que porte una serían un potencial objetivo de robo. Haciendo una comparación, esto sería como los cientos de celulares robados cada día en los autobuses.

Por otro lado, ¿qué pretenden estas computadoras? ¿Realmente cumplen con el objetivo de mejorar la calidad educativa en las escuelas? En este sentido, si esperamos que los estudiantes aprendan nuevas habilidades y conocimientos, también se espera que el sistema educativo sea capaz de ofrecer  los docentes necesarios para sacarle el mayor provecho al programa. Si las temáticas no se enlazan con las nuevas herramientas, sería como tener una súper calculadora, pero seguir enseñando cómo usar el ábaco.

También podemos pensar en el mantenimiento y almacenamiento de estas computadoras. ¿Qué sucederá cuando una de estas máquinas falle? ¿Factura a nombre del gobierno? Algunas escuelas sufren de carencias en infraestructura, material didáctico como libros, pizarras y pupitres. ¿Será, acaso, que estamos priorizando mal algunas necesidades? ¿Tienen las escuelas la conexión necesaria para que todas las computadoras sean usadas al mismo tiempo? ¿Tienen acceso a internet?

Como otro punto, en un primer momento estas nuevas herramientas representan un gasto, dinero que sale de impuestos o que podría financiarse, también, con deuda. Ahora bien, endeudarse nunca es el problema. El conflicto es hacerlo por actividades que no brinden retorno y que, encima de todo, no podamos pagar. Sin embargo, la educación sí genera retornos, solo que en este caso es muy a largo plazo. La interrogante principal es si con estas computadoras lograremos convertir el gasto en una inversión altamente rentable.

¿Qué cambiará en la vida futura y laboral de un niño que pueda obtener una computadora versus uno que no la posea? Haciendo uso de pura experiencia empírica, pregúntese qué ha hecho usted este día en una computadora. Está leyendo esto, y muy probablemente seguirá buscando más temas en internet. Probablemente le esté siendo muy útil en su trabajo, también. En un momento de nuestra adolescencia aprendimos a utilizar una computadora y nos sigue siendo muy beneficioso para nuestras labores.

Sin embargo, esto no significa que el programa de regalar una computadora a cada niño vaya a repercutir de igual manera bajo estas condiciones. Hay muchos más factores, como los ya mencionados, involucrados. Esta puede ser una solución de primer mundo para un problema de tercer mundo. Ponerle nuevas llantas a un carro viejo no lo hace mejor. El motor sigue sin llevarnos a ningún lado. 

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