Opinión

12 Ago 2016
Opinión | Por: Rafael Granados

Un empujón por El Salvador

Queridos lectores, en esta oportunidad  quiero compartir con cada uno de ustedes una columna que nos lleve a la reflexión sobre la perseverancia. Es por ello que iniciaré en esta ocasión presentando la siguiente ilustración:

Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios y le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.

El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas y esta no se movía. Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano. Satanás decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a su mente: has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido. Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible. Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente.

El hombre pensó en poner en práctica esto pero antes decidió elevar una oración a Dios y confesarle sus sentimientos: “Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aun así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? “.

El Señor le respondió con compasión: Querido hijo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mí. Eso lo has conseguido. Ahora, querido hijo, me toca a mí, yo moveré la roca.

Me atrevo a pensar que nosotros al igual que el hombre de la ilustración, hubiésemos deseado que la roca se moviera al menos un poco cada día, para motivarnos, sabiendo que nuestro trabajo no era en vano. Quiero hacer énfasis en las últimas palabras que Dios le dijo: “Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar”.

 

 

Nuestra tarea en este país, es precisamente empujar. Empujar y ayudar a construir un mejor país. No podremos terminar con la corrupción. No impediremos que haya funcionarios que hagan fiesta con los recursos públicos. No podremos parar la alta ola delincuencial que hoy por hoy nos agobia a todos los salvadoreños, pero sí podemos empujar para que en nuestra casa no falten los valores y los principios morales y espirituales.

No todo está perdido en nuestro país, mientras estemos dispuestos a empujar para que esto cambie, el corazón de El Salvador seguirá palpitando y cada vez con más fuerza. Luchemos por nuestros sueños. Seamos perseverantes con lo que queremos. Está permitido cansarse pero no desistir.

Si en tu familia las cosas no van bien, empuja. Si has perdido tu empleo, empuja. Si estás pasando un problema de salud, aún con poca fuerza, empuja. Si nadie valora lo que haces, empuja. Si te encuentras con problemas económicos y no encuentras una salida, empuja. Si al igual que este servidor, sueñas con ver un mejor país, un mejor El Salvador, no nos detengamos, sigamos empujando. Quien moverá la roca es Dios, nosotros empujemos.

 

 

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