Opinión

9 Sep 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

Un cuento llamado El Salvador

La pelea entre políticos seguirá siendo importante si nosotros, como jóvenes, la mantenemos viva. Enterrémosla.

Es complicado. Esa es la respuesta fácil, no es la correcta, sin duda, pero definitivamente es la que genera menos preguntas incómodas. Explicar lo que sucede en El Salvador no es divertido, pero pareciera que así es. Es un cuento, uno a veces ridículamente inverosímil, lleno de personajes tan diferentes. Hay humanos, bestias, magos, rufianes y todo aquello que puedan imaginarse en los mundos de fantasía, incluso aquellos más oscuros.

Hace tan solo unos meses, un ex comandante guerrillero asumió la Presidencia del país, demostrando una vez más que la vida misma da vueltas. Este hombre cambió el fusil por el micrófono, dejó de ocultarse y con una complicada articulación de palabras, agradeció a su esposa, a quien llamó “el amor de su vida”. Este evento fue un punto y coma en la historia de El Salvador. Los mismos personajes reaparecieron 25 años después en un escenario de paz inventada. La gran mayoría fue traída desde el pasado por una derecha angustiada por ganar votos, que buscaba reactivar el miedo y el dolor durante la campaña electoral.

No nos confundamos, la mayor parte del trayecto de Sánchez Cerén desde que asumió el poder Ejecutivo ha sido un fracaso. Era de esperarse. El Salvador tiene años esperando que una persona realmente preparada tome las riendas del país y escuche a los cientos de expertos que día a día se ganan el salario en instituciones académicas de investigación y desarrollo. El cuento en esta nación es político, y mientras siga siendo así las páginas del libro donde está escrito seguirán rotas y llenas de miedo y frustraciones.

Ninguna de las dos partes complace en El Salvador. Ambas son viejas, llenas de ideas violentas y aún basadas en conflictos sin resolver durante la guerra. Llegan las votaciones y no queda de otra que elegir entre los dos grandes, pues la tercera o cuarta opción son solamente los hijos adoptivos y malcriados que durante años han contribuido al desmoronamiento del concepto de democracia que se inició hace 25 años en nuestro país. Pero año tras año ahí están, los mismos rostros.

¿Qué nos queda a los jóvenes? Esa es la pregunta correcta. Y la respuesta es casi la misma: es complicado. Definitivamente hay que tomar las riendas del país. No podemos dejar que el mismo grupo de gente siga decidiendo de mala manera la forma en que vivimos. Y las opciones, afortunadamente, son muchas. Podemos elegir la vía política, a fin de cuenta allí mismo donde se ha deshecho todo.

Sin embargo, debemos tener cuidado, elegir entre el “menor peor” de los partidos políticos puede convertirse en una excusa para contribuir a la polarización, y llevarla a una generación joven que busca alejarse de la guerra. Es vital que no seamos indiferentes ante la inseguridad, la pobreza y el hambre que azota las comunidades más pobres. Que se haya tenido la fortuna de no haber pasado por diversas situaciones debe ser un incentivo y no una ventaja para desviar la mirada de quienes más sufren en nuestro país.

Podemos, también, profundizar en la capacidad técnica, prepararnos académicamente y colaborar con la nación desde las trincheras del conocimiento y la investigación y en la búsqueda de políticas que permitan el desarrollo económico y social. Poseer una buena educación no debe solo convertirnos en mejores ciudadanos, sino en profesionales que busquen de manera activa contribuir a la nación.

Seguirá siendo complicado. Lastimosamente esa es la respuesta fácil. Vivimos atrapados en una pelea de viejos inmaduros que buscan visitar cada país que les es posible. Que el rojo le gane a la tricolor o viceversa me tiene un poco sin cuidado ya, eso no hará que aquellos que realmente sufren coman o puedan salir de sus casas con seguridad. La pelea entre políticos seguirá siendo importante si nosotros, como jóvenes, la mantenemos viva. Enterrémosla, en nuestras cabezas y en las acciones del diario vivir. El cuento no se ha acabado, esperemos que recién vaya empezando. 

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