Opinión

1 Ene 2014
Opinión | Por: Herbert Escoto

Un circo sin elefantes

Una persona sabia es capaz de transmitir ideas complejas de forma sencilla y comprensible. Hace un par de días quedé perplejo por la forma en que un hombre dio un discurso para motivar a sus compañeros de trabajo a ser personas integrales y capaces para sacar adelante El Salvador, y lo hizo de una forma sencilla pero con un contenido fuerte y agudo.

En este discurso estaban presentes sus dos hijos, quienes atónitos escuchaban a su padre con mucha ilusión, y de paso tomaban fotos con su tableta. De manera sorpresiva este hombre invito a la audiencia a que fuéramos como los elefantes. Lo primero que invadió mi mente fue una burlesca imagen de una persona orejona y trompuda, sin embargo su idea era otra…

Inició su analogía diciendo que una persona integral se asemeja mucho a un elefante. De modo que esta persona debe tener orejas grandes (en sentido figurativo) para poder escuchar su entorno, comprenderlo, y estar atento a las necesidades que tenga; debe captar los sonidos que para otras personas son imperceptibles. También, la persona integral, al igual que un elefante, debe tener una trompa larga, capaz de olfatear el terreno y advertir olores extraños, para que pueda detectar rastros y poderse guiar durante el recorrido.

Emotivo con su discurso, este gran hombre miraba a sus hijos con atención, se dirigía a los demás con mucho dinamismo y continuó comparando este gran animal con la persona integral. Así, expreso que los elefantes son animales con una gran sabiduría y que tienen una excelente memoria, siendo capaces de regresar a su lugar de origen, tras haber recorrido largos trayectos, antes de morir. Lo anterior lo desarrolló afirmando que la persona integral debe tomar decisiones y guiar su camino con mucha sabiduría, y que por muy lejos que llegue jamás debe olvidar sus raíces ni lo que lo llevo hasta donde está.

Esta anécdota me hizo reflexionar mucho y la tomé como modelo para compararla con los funcionarios. Considero que el gobernante debe ser como un elefante, capaz de conocer su entorno y anticiparse antes de llegar a un cargo. Debe tener aptitud para poder olfatear el ambiente de la institución donde llega y dirigirla finalmente con la sabiduría que posee el elefante.

Sin embargo, la anécdota no termino ahí. Este gran hombre recalco una característica que posee el elefante, y que a mi parecer no muchos notan, y es que es una animal con una cola corta. Y concluyo su historia diciendo que es esencial que una persona integral, en este caso el gobernante, tenga una cola corta para que nadie se la pisotee.

Definitivamente muchos de nuestros gobernantes no poseen este último rasgo, y probablemente tampoco las características anteriores, más bien se asemejan a un animal con cola larga (una rata por ejemplo), fácil de pisotear. Una persona que tenga cola que le pateen difícilmente podrá ser integral, es más bien un blanco ideal para el chantaje o soborno.

La historia parece infantil, o probablemente algunos la consideraron absurda en el auditorio que la escuche; a mi me pareció oportuna para enfatizar la importancia de construir un filtro riguroso a la hora de seleccionar gobernantes. No me cansaré en insistir que urge un relevo en la clase política. El circo ya lo tenemos, solo falta llenarlo de elefantes…

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