Opinión

25 Abr 2014
Opinión | Por: Carlos Segura

Turquía, Armenia y aspiraciones europeas

Turquía es un país que está ubicado entre dos continentes: Asia y Europa. Algunos dicen que puede pertenecer a Europa, otros dicen que no: ni geográficamente ni culturalmente. Se trata de un país en muchos sentidos diferente a los países europeos. Su cultura, su religión, sus tradiciones, su sistema político… son muchas las diferencias entre ese país y los otros occidentalizados de Europa. A pesar de esas diferencias, Turquía tiene claramente, desde hace muchos años, aspiraciones de convertirse en miembro de la Unión Europea.

En mi columna Turquía bajo el fuego, hablaba un poco sobre la complicada situación de ese país. Los turcos han sido testigos de manifestaciones, violencia policial, muertes en las calles y censura. Aparte de todo esto, se acusa a las autoridades turcas al más alto nivel de actos de corrupción. Salieron a la luz grabaciones de supuestas conversaciones telefónicas del Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, con su hijo, en las cuales se habla de millones de euros obtenidos por la familia Erdogan, gracias a arreglos obscuros con empresarios turcos.

En medio de toda esta situación complicada, toma importancia otro tema candente en Turquía. El pasado 23 de abril, el Primer Ministro Erdogan se dirigió a los descendientes de los armenios masacrados durante la Primera Guerra Mundial por las fuerzas militares del Imperio Otomán. Resumiendo, el “Genocidio armenio” u “Holocausto armenio” consistió en la deportación forzosa y el exterminio de civiles armenios ordenados por el Imperio Otomán entre 1915 y 1923. Se calcula que los masacrados fueron entre un millón y un millón y medio de armenios.

Por décadas, Armenia y una buena parte de la Comunidad Internacional han presionado para que Turquía reconozca que se cometió un genocidio, pero el estado turco se ha caracterizado por una negación rotunda y no ha sido capaz de reconocerlo o a pedir disculpas por lo sucedido. No defiendo a un lado o al otro, simplemente expongo los hechos.

Las palabras dirigidas por Erdogan a los descendientes de los armenios masacrados toman importancia en el sentido de que, por primera vez, las autoridades turcas reconocen que los “eventos” tuvieron “consecuencias inhumanas” y que se presentan “las condolencias a sus nietos y descendientes”. “Eventos”, no masacre ni genocidio. Se rompe con el silencio y la negación, pero todavía no se reconoce que “los eventos” fueron un genocidio y que la responsabilidad la tuvo el Imperio Otomán, predecesor de la Republica de Turquía.

El mensaje de Erdogan toma más importancia y simbolismo, ya que fue pronunciado un día antes del 24 de abril, día en que los armenios conmemoran el genocidio. En esa fecha, en 1915, las fuerzas otomanas comenzaron a detener a los armenios en Estambul, para luego ordenar la captura, deportación y masacre de cientos de miles de armenios. El 24 de abril del próximo año se conmemorará el centenario del genocidio.

Este es un primer paso en el reconocimiento de los hechos. Si Turquía desea mantener sus aspiraciones europeas, su discurso debe cambiar y pasar de una política del silencio a una política de arrepentimiento y reconciliación con el pueblo armenio. Cabe destacar que en 1987, el Parlamento europeo estableció que la falta de reconocimiento de la responsabilidad en el genocidio armenio “constituye, con la falta de una verdadera democracia parlamentaria y el irrespeto de las libertades individuales y colectivas, especialmente religiosas, en ese país, obstáculos primordiales para un examen de una eventual adhesión de Turquía a la Comunidad Europea”.

Ahora las cosas han cambiado y el lobby turco en Bruselas ha obtenido muchos avances. Sin embargo, lo escrito, escrito está, y ese “obstáculo primordial” no puede convertirse en algo sin importancia para una institución tan seria como la Unión Europea.

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