Opinión

19 Mar 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Tabú salvadoreño

Para nadie es sorpresa que El Salvador ha vivido sumergido en una profunda polarización que, si bien no se manifiesta tanto en ideologías, está muy marcada en cuanto a preferencias de partidos políticos. Este mismo cáncer ha sido citado en tantas ocasiones como barrera del desarrollo económico y social en nuestra nación. Esto, sumado al descontento por la política partidaria en general, ha provocado el surgimiento de movimientos juveniles que fomentan la participación política no electoral. Muchos de ellos son conocidos como los #MovimientosY.

 

Estos movimientos están logrando que, con el pasar del tiempo, más jóvenes se involucren en el análisis y debate de temas que competen al desarrollo de la nación. Lo que parece relevante, y también positivo, es que la gran mayoría de estos grupos no se identifican con un partido político. Además, no buscan revelar muchos datos sobre las ideologías de sus participantes (sea izquierda o derecha). Pareciera que los jóvenes estamos superando la polarización y logrando, poco a poco, compartir proyectos con personas de distintas doctrinas.

 

Si bien todos estos movimientos juveniles cumplen con la función de abrir oportunidades para los jóvenes, también corren el riesgo de ser encasillados a causa de la polarización.  #YoMeVistoDeBlanco fue un perfecto ejemplo de ello. Nació como una unión de jóvenes que buscaba defender nuestra Constitución. Demostró que la reacción coordinada de los habitantes es cada vez mayor ante los abusos de las autoridades.

 

Sin embargo, esta acción también fue utilizada por instituciones ajenas al movimiento para justificar posturas o realizar otras. La polarización nos estaba atacando de nuevo. Fuimos los mismos salvadoreños quienes juzgamos esta iniciativa y la relacionamos con partidos políticos, cuando en realidad no se trataba ni siquiera de una guerra de ideologías, sino de un respeto a la ley suprema.

 

El problema, y quizá el miedo, es que hablar de ideologías pudiera llegar a convertirse en un tabú salvadoreño. Nos encontramos próximos a las elecciones presidenciales, y que  personas de izquierda y derecha coincidan puede derivar en un debate controversial. Nuestra guerra civil dejó paradigmas muy marcados en cuanto a las percepciones que se tienen de las ideologías. Lo más irónico es que muchos de los jóvenes que no vivimos la guerra buscamos ampararnos bajo esas mismas creencias.

 

Es por esto que la polarización es tan difícil de superar. Estoy seguro de que dentro de las iniciativas que ya mencioné (y otras más), existían muchachos con ideologías de izquierda y derecha, pero que no buscaban aprovechar el momento para dar a conocer las posturas de esta. Como ya expliqué, siempre se ha buscado desvincular a los movimientos e iniciativas con los partidos políticos, lo cual quizá está más que perfecto. Pero, ¿y las ideologías? ¿Será, acaso, tan malo que un grupo surja y se identifique con una postura en específico? ¿Qué tanto se vinculan nuestros partidos políticos con las posturas doctrinales?

 

Las respuestas son complejas. Existe mucha gente de izquierda que no simpatiza con muchos funcionarios del FMLN, al igual que una gran cantidad de personas que se identifican con la derecha desearían que ARENA mostrara una nueva faceta más representativa. Lo que es más triste es que difícilmente buscamos estudiar y analizar la derecha y la izquierda como aspectos separados de los partidos.

 

Por ejemplo, durante los últimos años el éxito electoral de la izquierda ha sido notable en Latinoamérica, sobre todo en Sudamérica. Uruguay, Venezuela, Chile (con Michelle Bachelet y Ricardo Lagos), Brasil, Perú, Bolivia, El Salvador y otros más han sido gobernados por mandatos de izquierda electos democráticamente. ¿Son todos esos partidos iguales? En realidad no. Cada uno ha moldeado o moderado su ideología según la situación. El desarrollo de las izquierdas nos está indicando un nuevo fenómeno, el cual pocos nos hemos detenido a analizar.

 

Los salvadoreños preferimos tildar de erróneo todo aquello que no se identifique con nuestra ideología o, aún peor, con determinado partido político. Hablar de doctrinas y de una posible polarización de estas se está convirtiendo en un tabú. A esa sí hay que tenerle miedo.

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