Opinión

2 May 2017
Opinión | Por: Mateo Villaherrera

Supervivencia infantil en El Salvador

La Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC) publicó en junio del año pasado un informe sobre la situación del trabajo infantil en el 2015. Entre sus principales hallazgos encontraron que la población de 5 a 17 años de edad reporta altas tasas de asistencia escolar, sin embargo, los niños, niñas y adolescentes (NNA) en situación de trabajo infantil, registran una menor; así como, mayor probabilidad de caer en deserción, ausentismo, repitencia y sobreedad, es decir, que puedan cursar uno o más grados inferiores al que les corresponde, según su edad escolar.

La Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia (LEPINA) establece que la edad mínima para que una persona pueda realizar actividades laborales es de catorce años, siempre y cuando se garantice el respeto de sus derechos y no perjudique el acceso, y derecho a la educación. Además, agrega que bajo ningún concepto se autorizará el trabajo a menores de catorce años. No obstante, la DIGESTYC registró para el 2015 un estimado de 4 mil 362 NNA en condición de trabajo infantil por debajo de la edad mínima. En mayor número, un aproximado de 8 mil 161 en situación de trabajo infantil peligroso, mientras que un total de 2 mil 392 menores sí se encontraban en la edad permitida para trabajar (14-17 años).

En el país son miles los NNA que son forzados o inducidos por sus padres, familiares o responsables a realizar trabajo infantil, sea este formal o informal, y no importando la condición laboral en la que el menor se encuentre, si es asalariado, no remunerado, independiente, trabajador doméstico, entre otros. Nuestra infancia está sumergida en medio de escasos recursos económicos, que traen consigo pocas oportunidades sociales y de superación. Se enfrentan constantemente a condiciones adversas que impactan la economía familiar y que les obliga a exponerse a una sociedad compuesta por un clima de inseguridad, violencia y delincuencia, acercándolos silenciosamente como posibles víctimas de la trata de personas y del maltrato infantil.

En mi opinión, se trata de un problema que debe erradicarse por múltiples razones: impide el acceso, buen rendimiento y permanencia exitosa en el sistema educativo. Además, permite que la infancia se someta a ambientes vulnerables, produce efectos negativos para el desarrollo psicológico, físico, moral y social, entre algunos otros. Este fenómeno sigue alarmando a todos por el alza de sus cifras alrededor del mundo, y en especial en países considerados como subdesarrollados en América Latina, de acuerdo a los últimos informes presentados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Pese a ello, en el país, los resultados de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de los últimos años afirman que la población en situación de trabajo infantil ha disminuido paulatinamente, siendo 0.5 puntos porcentuales, entre 2012 y 2015.

Estoy en contra del trabajo infantil por la siguiente razón: es un grave error pensar que la economía familiar va a mejorar cuando se envía a los hijos a trabajar, o que la mejor forma de enseñar la responsabilidad y de evitar el ocio en ellos es asignándoles cargas laborales desde muy pequeños. ¡Falso! La realidad es que los NNA tienen derecho innegable al estudio, recreación, juego, dignidad, libertad, protección y descanso. Se trata de derechos NO NEGOCIABLES. Hay que actuar para sensibilizar a muchos padres de familia y adultos que todavía conciben a la escuela como un gasto y pérdida de tiempo porque esta no les produce ingresos.

En la vida hay tiempo para todo, es imperdonable arrebatar a nuestros niños y adolescentes sus primeras etapas de vida, en la que el único interés para ellos debe ser aprender a descubrir el mundo. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) afirma que estas etapas son la base fundamental para el desarrollo físico, emocional, intelectual y social de las personas. Porque es muy claro, que un niño que trabaja, pierde más de lo que gana.

Foto: Internet

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