Opinión

14 Oct 2016
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Subsistema “establecido” de corrupción

“Por nuestras narices ha pasado el fracaso de proyectos sociales, estructurales y de toda índole, y todavía no tiene cabida en la cabeza la real imposibilidad de llevar adelante las iniciativas en un marco tan severo de corrupción”.

Leyendo un material de estudio, encontré un tema interesante y es menester retomarlo y colocarlo en el juego de la palestra por considerarlo de interés público: un enfoque teórico de la corrupción. Advirtiendo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

La corrupción es un mal endémico en todos los países, y especialmente en el que más nos interesa: El Salvador. Se manifiesta en todos los estratos sociales, desde el profesor que tiene preferencias por un alumno hasta el funcionario que se toma atribuciones que no le competen. En el primer caso, el resto de estudiantes se indigna y se resignan a aceptar una injusticia, provocando la baja autoestima y la deserción escolar. En el segundo ejemplo, se retrocede en la persecución de la justicia y el bien común; en su lugar se adquiere una ineficiente e injusta institución pública. Inclusive, otro acto de corrupción es aceptar un cargo del que no se tiene las competencias necesarias para ostentarlo.

Según Alejandro Nieto, la corrupción política es un fenómeno constante, en cada momento se manifiesta con intensidad distinta. Hay tiempos de corrupción en dimensiones globales, es la llamada corrupción sistémica o estructural en cuanto aparece en todas las piezas del sistema público como una regla universal de funcionamiento.

Para Eduardo Barbarosch, la corrupción comienza cuando el poder se ejerce sin sujeción a normas y cuando existe una desviación del poder provocada por una falta deliberada de acatamiento al sistema de normas jurídicas.

Diversos organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas se han preocupado por este tema y están conscientes que la corrupción ha dejado de ser problema mínimo, solucionable, y que se ha convertido en un fenómeno trasnacional que afecta a todas las sociedades y economías.

Los beneficios que buscan los corruptos no son únicamente de tipo económico, sino que pretenden sentir la adrenalina y placer que les produce la ambición de distinguirse, de pertenecer al grupo de aquellos para quienes no valen las reglas que valen para todos, esto incluye la Constitución, todo el ordenamiento jurídico y la moral. Impera la regla del yo todopoderoso, el Estado es mío, los recursos son míos y ustedes son mis súbditos.

La salida viable, repentina y fácil es la indignación social, luego la represión y termina con… hasta allí llega. Eso es bueno, pero daría mejores resultados a largo plazo la prevención, la educación cultural, la conciencia ciudadana y la fiscalización constante. No fue del todo positivo hablar de represión, ahora hay que dar cabida a plantear otros escenarios, como un ensayado programa de comparación de la corrupción frente a la pobreza y falencias existentes mientras domine lo primero.

Es esencial enfocarnos en la persuasión de los ciudadanos por la vinculación existente entre el atraso en el desarrollo y la carencia de las instituciones que aseguren la participación y con ello, la estabilidad de las decisiones. Por nuestras narices ha pasado el fracaso de proyectos sociales, estructurales y de toda índole, y todavía no tiene cabida en la cabeza la real imposibilidad de llevar adelante las iniciativas en un marco tan severo de corrupción. Mientras el resto de países repuntan sus niveles de desarrollo, la corrupción nos venda los ojos y nos inhibe de avanzar. Ante una corrupción arraigada, estable y sólida, se torna urgente enfrentarla, aunque esto necesariamente implique el combate contra la carencia de cultura y educación. En medio de cloacas se encuentra El Chaparral, el Puerto de La Unión y otros proyectos que han sido manejados por administraciones ineficientes, aunque para derroche de lujos han resultado ser los más eficientes.

La coincidencia deviene como anillo al dedo para preocuparnos e interesarnos por este flagelo. La tarea es de todos, estamos obligados a explotar nuestro potencial aporte y salir de las trincheras. Repito la palabra de la anterior columna: ¡Activémonos!

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