Opinión

23 Jul 2013
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Subsidios: ¿Dependencia o empoderamiento?

A nuestros nobles dirigentes les encanta usar nuestro dinero. A veces sabemos dónde va a parar, a veces parece ir a parar a bolsillos dudosos. Este dinero cobrado en impuestos se hace en nombre del bien común, para proteger a los menos favorecidos y a los marginados de la sociedad. Una de las formas en las que usan nuestro dinero para esta redistribución es por medio de los subsidios.

Los subsidios no son malos per se. Independientemente de la corriente política con la que usted y yo simpaticemos el ayudar a los demás nunca es mal visto. En El Salvador existen 3 grandes subsidios que intentan aliviar el estado de pobreza de las familias salvadoreñas.

El primero es un subsidio de $64 millones para alimentar a un ineficiente, viciado y corrupto sistema de transporte colectivo. En un sistema con pocos incentivos a la innovación por estar siendo mantenidos por el Estado, el subsidio se hace a la oferta directamente, quien en vez de invertirlo en mejoras en nuevas y mejores unidades se quejan de lo poco rentable que es el rubro. Rubro al cual se rehúsan a abandonar (bajo cualquier lógica financiera) todo porque su ineficiencia es mantenida por los que pagamos impuestos.

El segundo subsidio es el del gas licuado. En este se gastaron $136 millones el año pasado. Hay que darle el mérito a esta administración de haber comenzado la focalización de este subsidio, que aunque no se ha reducido el gasto sustancialmente, se va en la dirección correcta para que llegue a quienes en realidad lo necesitan. En este sentido ha pasado algo similar con el subsidio a la electricidad, en el cual el Estado orienta $201 millones de su presupuesto. El techo del subsidio está determinado por el consumo de kW (Kilowatts) que parece ser un decente indicador del nivel de ingresos de una familia. Siempre hay casos aislados, como personas que viven solas y no gastan mucha energía e igual gozan del subsidio, pero todos los sistemas tienen sus defectos y este no es la excepción.

Estos 3 subsidios suman $400 millones al año, y se han incrementado enormemente con la administración anterior. El problema de los subsidios no es la ayuda en sí, sino cuando se usan como instrumento de populismo, tirando más dinero para resolver con soluciones transitorias problemas estructurales. Es como el adagio de quien regala el pescado pero no enseña a pescar. Regalarle luz, gas y transporte no va a sacar a la gente de la pobreza.

Los subsidios, lejos de ser transitorios y de lograr un efecto de empoderamiento que ayude a familias a salir de la pobreza se han convertido en un arma política para mantener a los más pobres dependientes del Estado. Ben Franklin dijo una vez, “hay dos cosas seguras en esta vida, la muerte y los impuestos”. Si al final es un hecho que nos van a quitar dinero mes a mes, en nombre de los más desfavorecidos, que se haga de una manera efectiva, en efecto ayudando a estos desfavorecidos a mejorar sus condiciones en vez de esclavizarlos a vivir de los contribuyentes. Sin embargo los incentivos del político son orientados a ganar votos, y eso no necesariamente se obtiene de una administración efectiva y transparente, sino de tener a la gente en el bolsillo.

 

 

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