Opinión

26 Sep 2018
Opinión | Por: Verónica Ruiz

#StandForFulbright

En el 2012 comencé un proyecto que me cambió la vida, comenzó un momento en mi vida que iba a darle un giro de 180 grados. Un año antes, en el 2011, una amiga de la Embajada de Estados Unidos me animó a aplicar a una beca Fulbright, becas que el Departamento de Estado de EEUU otorga a profesionales en distintas áreas. Al principio estaba muy escéptica, en un país en el cual la ciencia tiene un valor cercano a nulo y en un momento de la historia mundial en la que tampoco se le da el lugar que merece a estas disciplinas, hay muchas más becas disponibles para carreras en humanidades, negocios o ingenierías, que en artes o ciencias. Sin embargo, siguiendo el consejo de mi amiga lo hice. Un año después comenzaba mi mayor aventura y la que cambió mi vida por completo.

 

El programa Fulbright es uno de los programas de intercambio de los Estados Unidos. El objetivo de este es mejorar las relaciones interculturales y diplomáticas entre personas de los EEUU, y otros países a través del intercambio de conocimiento. Es considerado como uno de los programas más reconocidos y prestigiosos del mundo, cada año entrega 8,000 becas a estudiantes, académicos, profesores, profesionales, científicos y artistas (¡sí, también toman en cuenta las artes!)

 

Fue fundado en 1946 por el Senador J. William Fulbright, con el objetivo de aportar un poco más de conocimiento, razón y compasión para tratar negociaciones mundiales y así aumentar las posibilidades de que las naciones aprendan a vivir en paz. Desde su fundación, 380,000 personas han participado del programa, entre estos 59 ganadores de premios Nobel, 84 de Pulitzer, 59 becas MacArthur, y un secretario general de la ONU; cientos han trabajado en sus respectivos gobiernos y miles como docentes e investigadores.

 

Los gobiernos de EEUU, tanto demócratas como republicanos, han apoyado el programa y también han buscado, sino aumentar, mantener el presupuesto destinado a educación. Pero, la administración de Donald Trump, que nunca deja de sorprendernos, espera disminuir el presupuesto para educación pública en más de $3 mil millones; mientras aumenta en $1.6 mil millones el apoyo a escuelas privadas, y utilizará $18 mil millones para construir el famoso muro en la frontera México-EEUU.

 

El año pasado la administración Trump quiso disminuir el presupuesto de Fulbright en un 47%, pero gracias a que miles de personas, y no solamente exbecarios, nos pronunciamos y expresamos nuestro desacuerdo, el Congreso no aprobó este recorte. Pero, este año la amenaza vuelve y esta vez busca alcanzar un recorte de presupuesto de un 71%. De llegar a ocurrir, el programa no podría sostenerse, sería el fin del programa de intercambio educativo más grande de la historia, sería el fin de una historia de más de 70 años contada a lo largo de 165 países.

 

Por eso, estimados lectores, quiero invitarlos a que se unan a todos los que apoyamos la educación. Los salvadoreños viviendo en EEUU pueden escribir al congreso y expresar su desacuerdo, quienes tuvimos la oportunidad de ser beneficiados directamente por Fulbright es nuestro deber trabajar por salvarlo y compartir nuestras historias. Y si usted no vive en EEUU y no es exbecario Fulbright, puede también apoyar al programa en redes sociales con el hashtag #StandForFulbright.

 

El Senador Fulbright propuso su proyecto como vehículo para promover la paz y el entendimiento entre personas, instituciones y naciones, a través de la educación. Y si bien no todos tenemos el mismo plan de vida, sí todos queremos paz, armonía. Como decía el expresidente Truman (en cuya administración comenzó el programa) “Si no queremos morir juntos en la guerra, debemos aprender a vivir juntos en paz.”

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