Opinión

1 Feb 2018
Opinión | Por: Karen Vargas

“Soy mujer y soy piloto”

Uno de los cafés más entretenidos que he tenido ha sido con una chica casi de mi edad que resultó ser piloto de una de las aerolíneas más importantes del mundo. Para contar esta historia la llamaré Erika. Ella estudiaba Ingeniería Mecánica cuando decidió cambiarse de carrera y perseguir uno de sus sueños: estudiar aviación.

Estoy segura que Erika nunca imaginó que ser piloto fuera una opción, debido a los altos costos que se deben cubrir y al hecho de que la mayoría de pilotos son hombres. Muchos de su familia, amigos y conocidos no estaban de acuerdo con que ella se arriesgara a invertir tanto dinero y tiempo en una carrera donde, históricamente, en nuestro país, las oportunidades para las mujeres han sido casi nulas. Sin embargo, Erika decidió arriesgarse y perseguir su sueño de volar aún cuando todos le sugirieron no hacerlo.

“Cuanto más investigaba sobre la carrera, más quería conseguirlo. En aquellos tiempos yo tenía tan sólo 20 años y mis posibilidades eran limitadas. Tramité un crédito y trabajé duro para ahorrar dinero y poder cubrir las cuotas”.

En El Salvador sí existen muchas escuelas de aviación, pero los costos que se deben cubrir son bastante altos y deja de ser accesible para toda la población. Por otra parte, aunque estas academias no tienen ninguna restricción para aceptar mujeres u hombres, más del 80% de los estudiantes son hombres.

“Esta carrera me ha probado a mi misma muchas veces, y una de ellas fue demostrarme firme para lograr graduarme a pesar de todos los obstáculos. Pero, sobre todo, desafiando a hombres y mujeres que no se sienten seguros cuando no es un hombre quien está al mando”.

Erika ha tenido que mostrar fuerza, empeño y confianza para no dejarse vencer ante un ambiente que siempre ha estado dominado por hombres.

La desigualdad de género sigue siendo uno de los desafíos más grandes que enfrentamos a nivel mundial. “Las mujeres tienen muchas menos probabilidades de participar en el mercado de trabajo, una vez que se incorporan, ellas tienen mayores dificultades para encontrar un empleo y, cuando lo encuentran, la calidad de su empleo sigue siendo una gran preocupación”, dice el nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Eliminar las desigualdades para conseguir un empleo entre las mujeres y los hombres ocupa siempre un lugar en el para un país. Sin embargo, traducir esos acuerdos en acciones cotidianas resulta algo sumamente difícil en nuestra sociedad.

Entre todas las experiencias y desafíos que Erika manifestó encontrar en su cotidianeidad, lo que más llamó mi atención fue escuchar cómo las que menos han aceptado su carrera de piloto y valorado su  trabajo; es decir, las personas que más desaprueban el hecho que algunas mujeres se están empoderando, tomando roles importantes, y están ayudando con sus acciones y decisiones a reducir la brecha de género, son las mismas mujeres. Aún no se ha dado cuenta de la enorme capacidad que tenemos de hacer las cosas que nos propongamos, de ser autónomas con nuestras decisiones y ser autónomas económicamente.

“Tenemos que probar que somos tan buenas como ellos, creer en nosotras mismas, esforzarnos al máximo y siempre mantener una actitud positiva frente a la vida”.

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