Opinión

23 Mar 2015
Opinión | Por: Daniel Mejía

Son otra cosa menos estudiantes

Durante años se ha sabido de las riñas entre instituciones educativas las cuales han dejado daños materiales, estudiantes heridos y en casos extremos han resultado estudiantes muertos al momento que se producen este tipo de disturbios. 

En esta ocasión no tenía en mente escribir de dicho tema, pero despertarme la mañana del viernes y ver en twitter la noticia que 28 jóvenes han sido detenidos por enfrentamientos con armas blancas en las cercanías de la plaza cívica y en los alrededores del ex cine Apolo en el centro histórico de San Salvador, me llevo a recordar que hace cuatro años sucedía lo mismo; en el mismo lugar y siempre estudiantes de institutos nacionales contra estudiantes de institutos denominados “técnicos”, que igual son nacionales.

Mi bachillerato lo realice en un instituto nacional por lo cual me siento con toda libertad y con cierto conocimiento de lo que realmente sucede hoy en las instituciones del país. Cuando cursaba el primer año fui invitado por un grupo de alumnos a ser parte de una de estas riñas entre estudiantes. El objetivo es quitarles, o como dicen ellos “ganarles” las camisas, cinturones, insignias, parches,  cadenas y otros objetos que identifiquen a la institución contraria; lo cual consideran un “trofeo”. Si yo soy de un instituto nacional, mi enemigo es el de un instituto técnico.

A la mañana siguiente después de la invitación que me habían hecho a la cual no asistí, note la ausencia de varios estudiantes en el instituto.  En el transcurso del día salió la noticia que quizá nadie esperaba: “MATAN A ESTUDIANTE DEL INCO EN CENTRO DE SAN SALVADOR”. Así lo tituló un periódico de mayor circulación en el país el viernes, 12 de agosto de 2011.

Por una camisa, por una insignia, por demostrar su rebeldía -lo cual es visto como algo de “respeto” entre ellos mismos- este joven de 18 años con el cual en un par de ocasiones tuve la oportunidad de conversar había muerto. Tirado y abandonado en las calles de San Salvador ya que ninguno de los estudiantes que lo acompañaba se quedó con él. Sus “amigos” lo dejaron solo ya que huyeron para no ser capturados.

Así como esta hay muchas historias que parecen que fueran otras personas menos estudiantes quienes viven y hacen este tipo de actos. Pero así como en colonias donde antes se respiraba tranquilidad, donde no eran lugares habitados, ni mucho menos asediados por pandillas o maras y hoy lo son, así están las instituciones educativas hoy en el país. Estudiantes que lo menos que llegan a hacer es estudiar, jóvenes enviados a los institutos para “marcar territorio”.

Así como las maras y pandillas llegaron a sumergirse en colonias y barrios, de igual manera hoy en día no buscan hacerlo, sino que ya es un hecho que estos grupos han incursionado en las instituciones educativas del país. Solo basta con entrar a los baños y ver mensajes o “placazos” como:  “ver, oír y callar”, “Mara Salvatrucha – MS13”, “Eighting”, “18”, “para y controla” entre muchos otros. Más parece una especie de mural en una colonia dominada por estos grupos que unos baños de un centro educativo.

Es lamentable que ni en nuestros propios centros educativos podemos brindarle seguridad a la gente que en verdad quiere hacer las cosas bien. Aparte de las limitantes que pueda llegar a tener un estudiante del sector público también tiene que lidiar en su día a día con estar expuesto a cualquier asalto en el transporte público, cualquier robo de camino a su casa y en su centro educativo existen estos grupos disfrazados de estudiantes.

Ejemplo de ello es la noticia que circuló esta semana. En un instituto de Soyapango los estudiantes que no vivían en ese sector y llegaban a estudiar allí eran amenazados solo por vivir en lugares donde está la pandilla contraria. ¿Hasta cuándo las instituciones y el gobierno seguirán permitiendo este tipo de sucesos?

No podemos exigir que un país avance cuando estudiar representa un riesgo. ¿Cuál es el éxito de los países desarrollados? La buena educación y de calidad que se les da a sus niños y jóvenes sin importar el color, la raza, el estatus social etc. En El Salvador no tenemos buena educación y abonando a eso, representa un riesgo poder estudiar en instituciones públicas y algunas privadas también. No se puede estudiar y avanzar hacia un mejor país en una sociedad donde la violencia ya ha penetrado los centros de aprendizaje.

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