Opinión

13 Abr 2016
Opinión | Por: Kevin Sánchez

Síntomas de un futuro Estado fallido

Es un día como cualquiera en El Salvador y veo en las páginas de uno de los periódicos de mayor circulación en el país noticias que me decepcionan.

Veo el dolor y el luto que la violencia está sembrando en las familias salvadoreñas; veo como la economía no se levanta y con ello la delincuencia y el desempleo creciendo; veo como en los hospitales públicos escasean las medicinas y los suplementos necesarios básicos para una buena atención; veo como a pesar de la gran cantidad de dinero que el gobierno está recaudando con más impuestos, aun así no tiene recursos para combatir la delincuencia y dar mejores condiciones a los agentes de la PNC.

Todas esas noticias y otras que no mencioné, solo me hacen recordar y pensar seriamente lo que el Arzobispo de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas, pronunció unas semanas después de que Sánchez Cerén asumiera la presidencia. Él mencionó en esa oportunidad que: “el nivel de autodestrucción que estamos viviendo amenaza con llevarnos a un Estado fallido.”

En aquel momento esa afirmación lo llevo a soportar críticas de todo tipo y de todos los sectores. Por ejemplo, lo acusaron de ser un actor de derecha que quería mover la opinión pública en contra del recién asumido presidente, y por otro lado, otros que ni lentos ni perezosos sacaron provecho de ello. Dos años después, viendo la actual grave situación del país, me pregunto: ¿Qué tan atinado o fuera de lugar estuvo Monseñor Escobar Alas con ese pronóstico? Para responder mi pregunta analicemos si nuestro país cumple con las características que se requieren para entrar en ese club al que ningún Estado quiere pertenecer.

Un Estado fallido es un Estado que ha fallado en garantizar sus servicios básicos, que fracasó en lo político, social y económico. Existen 4 características principales por las cuales podemos identificarlos, analicemos como está nuestro país con cada una de ellas:

  1. Pérdida del control físico del territorio: No lo hemos perdido aun del todo pero sí algunos sectores de colonias, zonas populosas o municipios asediados por las pandillas donde ni la propia PNC puede entrar. Hace unas semanas el presidente reconoció en cadena nacional la urgencia de recuperar el control en esos territorios.
  2. Incapacidad para suministrar servicios básicos: Tampoco lo es del todo pero sí está en un nivel preocupante, hay escases de medicinas en el ISSS, no hay suficientes camillas, no hay recursos para combatir el crimen, no hay recursos para mejorar las escuelas del sector público, el servicio de agua potable es irregular y muchas otras carencias más en todos los ministerios.
  3. Erosión de la autoridad legítima de la toma de decisiones: La tregua entre pandillas de la cual el gobierno dice que solo fue un “facilitador” y los beneficios que el gobierno les está dando, representan una amenaza en la autoridad legítima del Estado. Las pandillas están influenciando en la toma de decisiones a su favor y en un futuro podrían hacerlo de una manera más determinante, ojala no lleguemos a ese punto.
  4. Incapacidad para interactuar con otros Estados: Esta es la característica menos amenazada porque no tenemos a ningún sujeto de la comunidad internacional que atente contra nuestra soberanía o política exterior. Pero aun así sí podrían tomarse como una leve amenaza las malas decisiones del ministro de Relaciones Exteriores, Hugo Martínez, por las cuales países como Alemania e Israel están planeando sacar sus embajadas del país; el fracaso de políticas como FOMILENIO 1, y la tímida reacción de El Salvador a casos en los que está en juego la soberanía como el de la isla Conejo.

Evaluando cada uno de estos aspectos podemos ver que la idea de que nos convirtamos, a futuro, en un Estado fallido no está tan alejada de la realidad que estamos viviendo estos días. Rescatemos al país de la situación en la que estamos, exijamos a nuestros gobernantes que no nos dejen entrar en ese pésimo club de los Estados fallidos.

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