Opinión

20 Nov 2014
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Síndrome del Mesías

Quienes viven de lo que la sociedad produce, y esperan ser mantenidas a costillas de la misma, tienen más atributos propios de un parásito que de un ciudadano responsable.

En El Salvador nos quejamos por todo a cada rato. Yo soy el primero en incluirme, sino ni me tomara la molestia de opinar en estos espacios. Es casi parte del “ethos” humano el ser inconforme; siempre queremos estar mejor. Vemos a nuestro alrededor y vemos problemas que no han sido resueltos. Leemos los periódicos y también vemos problema tras problema.

En nuestro pulgarcito sobra de qué quejarnos. Tenemos una clase política (y me van a disculpar por generalizar) que se sirve del Estado en vez de hacerlo al revés. Tenemos un Órgano Ejecutivo que con más de 100 días de administración parece estar congelado, como que no dan con el lugar donde dejaron el manual para gobernar. El precio de la gasolina no baja tan rápido como quisiéramos, pero el precio de los granos básicos sí sube como la espuma. La delincuencia se ha convertido parte casi normal de nuestras vidas, a tal punto que a pocos sorprende que pandilleros con uniformes de la PNC anden delinquiendo.

Puedo seguir con la lista, pero pienso que ya todos tenemos una buena idea de los desafíos que enfrenta el salvadoreño promedio al poner un pie fuera de su casa. Lo curioso es que muchas veces culpamos a alguien más, y ese alguien con frecuencia termina siendo el gobierno. Es más fácil señalar a alguien más que aceptar que estamos fallando en nuestra labor como ciudadanos.

Como nos gusta apuntar dedos y evadir responsabilidades, queremos que alguien más cargue con esa cruz. Y es ahí donde se manifiesta lo que llamo el “síndrome de mesías”. ¿Quiénes sufren de este síndrome? Todas las personas que votaron por Mauricio Funes y pensaron que ya no habría corrupción, asesinatos, capitalismo de amigos y pobreza. También lo sufrieron quienes vieron en Tony Saca un tipo en contacto con la gente y que por esa afinidad se preocuparía más por los salvadoreños que por su propio bolsillo. Pero estos nos son los únicos ejemplos.

Caímos, y digo “caímos” porque pocos se salvan de renunciar a su responsabilidad a la hora de votar. Pensamos “ya voté, ahora quien tiene que cumplir es el tipo que quedó”, como si con marcar unas crucitas en papeletas llegáramos a la meta. Qué cómodos, ¿no? “Hoy que vea el pinche candidato como nos resuelve, pobrecito el problemón que se buscó”. ¡Ve que suave!

En la política no hay superhéroes (también es con ustedes la cosa, bukeliebers). No hay un mesías que nos va a convertir la escasez en abundancia, ni la pobreza en desarrollo, ni a los buseros en conductores recatados que dan los buenos días. Es cierto, debemos exigir a los funcionarios públicos que cumplan con su labor, pero eso no priva a ningún ciudadano de ser dueño de su propio futuro.

La frase “este es un país libre” no es un simple cliché. Ser libres significa tener la posibilidad de planear nuestra vida y mejorarla. El único responsable de sacar su vida adelante es usted mismo. Quienes viven de lo que la sociedad produce, y esperan ser mantenidas a costillas de la misma, tienen más atributos propios de un parásito que de un ciudadano responsable. El gobierno no lo va a sacar de su pobreza, solo quiere hacerle creer que sí. Tomemos las riendas de nuestra vida.

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