Opinión

26 Mar 2013
Opinión | Por: Oswaldo Serrano

Siempre hay esperanza

El Papa Juan Pablo II, el peregrino de la paz, aún es recordado. Para los católicos es un hombre que pasó no solo a la historia, sino a vivir en la mente y en los corazones de muchos creyentes que lograron vivir en su pontificado.  Siendo tan querido en la feligresía católica, difícilmente habrá otro Papa que pueda alcanzar los niveles de cariño y respeto que ganó con su ejemplar desempeño como vicario de Cristo. Logró cosas excepcionales y unió a la Iglesia.

Después de su muerte, Joseph Ratzinger fue elegido su sucesor, tomó el nombre de Papa Benedicto XVI y pasó a ocupar el cargo de sumo pontífice en el 2005. Ocho años más tarde, a todos nos sorprendió la noticia que el Papa Benedicto XVI decidió retirarse, siendo el cuarto Papa en la historia que renuncia al máximo puesto de la Iglesia Católica. Ratzinger dijo que su decisión se debió a que ya no cuenta con las fuerzas necesarias para desarrollar su rol como máxima autoridad eclesiástica.

Ya se especulaba fuertemente sobre el quebrantamiento y desgaste que tiene el catolicismo, muchas personas se enfrascan en desprestigiar la fe basándose en casos de pederastia, en lo ortodoxo de la Iglesia, su poca tolerancia ante temas sociales como el aborto o la homosexualidad; y ahora con la renuncia del Papa, esto tomó más fuerza.

Sin embargo, siempre hay esperanza, siendo el 2013 el año de la fe, millares de personas no dejaron de orar para que el nuevo sucesor de Pedro fuera el idóneo. En momentos como este es cuando el catolicismo toma más fuerza, y deja ver el alcance que tiene en todo el mundo.

América no es la excepción, nuestro continente cuenta con el mayor número de fieles católicos en el planeta, las esperanzas de todas estas personas estaban puestas en esta elección. Pocos pensaron que el nuevo líder sería de origen Americano, y menos aún latino; dejando a un lado la línea de “Papables” del viejo continente. Un hecho insólito que sin duda alguna pone de manifiesto que siempre hay una esperanza para que lo poco posible, sea posible.

El 13 de marzo, ante miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro, el mundo vio salir humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina, el grito de ¡Habemus Papam! recorrió el planeta entero. ¿Quién había sido electo? ¿De dónde? ¿Cuál será su nombre? Eran algunas de las preguntas que todos se hacían ante tal hecho. La bomba estalló, no era europeo, era americano, argentino, Jorge Mario Bergoglio y tomó el nombre de Francisco I. Un hombre que en su primera aparición dejó una impresión de serenidad, siendo la sencillez una de sus principales características.

El pontificado de Francisco I trae un nuevo aire a la Iglesia, la palabra renovación toma fuerza dentro del catolicismo. Una renovación que muchos han esperado y que los llena de fortaleza a los creyentes, más aún en el tiempo que nos encontramos, donde la reflexión y de acercamiento a Dios se pone de manifiesto por la Semana Santa.

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