Opinión

29 Sep 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

San Salvador: Un hermoso caos

De risa en risa, ¿alguien más ha pensado que si Nayib no es reelegido solo habrá aumentado el desorden en el Centro Histórico?

San Salvador, hermoso a su manera, un resplandeciente caos por donde lo veas. El tiempo se acaba y el cableado subterráneo aún no está listo, los parques siguen con sus murallas de lámina y los vendedores aún pueden verse más allá del horizonte. San Salvador sigue tan hermoso como lo recuerdo.

Los proyectos siguen su curso normal, excelentes ideas en efecto, pero no para un alcalde. Tres años no son ni remotamente suficiente para solucionar a San Salvador, no quiero recordar al ridículo que aseguró arreglar a El Salvador en 100 días. “Una obra por un día” suele ser la instalación de luminarias, una obra sin lugar a dudas, pero no lo suficiente para asegurar la reelección. Las grandes obras aún no han llegado, obras que sí hizo Quijano y no las bombardeó de publicidad, los vendedores informales aún tienen pesadillas con él. “Un cartel por luminaria” sería un mejor nombre.

¿Alguien va al Mercado Cuscatlán a comprar verduras? El flamante mercado que ni en Europa tienen y estaría al alcance de nuestros vacíos bolsillos es visitado por los locales comerciales y por la biblioteca. Creo que el alcalde debería comenzar la gestión para despedir al que tuvo la idea de ponerle “Mercado Cuscatlán” y no “Centro Comercial Cuscatlán”. Que esté en el nombre, no quiere decir que así sea. Y aunque es hermoso y espectacular por donde se vea, no es lo que se prometió, ni lo que se necesitaba en realidad. ¡Viva la cultura y las artes!, dijo el poderoso viendo el panorama y comiendo el filete como si no hubiera mañana. Alcalde con pensamiento de primer mundo, para un pueblo con necesidades de tercer mundo.

El Centro Histórico sangra a través de los callejones y las calles usurpadas por los pies, y los gritos de cachada; el sector informal, y todo lo que significa, son los dueños de la capital. No hay personas más solidarias que ellas, dispuestas a todo por defender a los suyos. Unidos por enemigos en común “el orden y la seguridad”, no hay ciudadano que al verlos no siente un poco de miedo y desconfianza. Son el dolor de cabeza principal de todo alcalde; Quijano los enfrentó, a base de macanas y gas lacrimógeno las calles volvieron a estar libres. Digan lo digan sobre el alcalde anterior, la capital volvió a respirar.

El nuevo alcalde teme de ellos y les volvió a dar poder, ningún precio es muy alto a cambio de las cámaras y las sonrisas. Su ordenamiento es falso y descarado, vende su actuación como la forma correcta de hacerlo, pero todo lo que hizo fue moverlos a zonas de la capital que antes no tenían vendedores, pregúntenle a “Variedades Génesis”; ahora todo el edificio está rodeado por los vendedores que antes ahogaban al “SAMSIL”. Eso no es ordenamiento, es intentar tapar el sol con el dedo, mientras te ríes de lo que alguna vez alguien sí hizo. ¿Alguno conoce algún vendedor informal que ahora tenga un local en el Mercado Cuscatlán?

San Salvador es un caos, lleno de bocinas y pasos. Y los miserables sonríen en su desgracia, porque ahora sus fantasmas pueden ver el Teatro Nacional iluminado; cuando nadie más tiene el valor de caminar por los senderos de lámina, al saber que las paredes siempre están apuntando.

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