Opinión

5 Jun 2014
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Res non verba

Estamos cansados de ver gente que entra al gobierno siendo ciudadanos con recursos modestos y sale a vivir en mansiones.

Volvemos a poner el odómetro a cero. Después de cinco años donde a muchos les vendieron un El Salvador mejor, libre de corrupción y donde iba a primar la meritocracia, habemos muchos decepcionados. Los problemas siguen, varios se agravaron y la esperanza se quedó en un simple eslogan. Se vienen cinco años más para tratar de virar al camino del progreso.

El presidente Sánchez Cerén no la tiene fácil. Las administraciones anteriores comprobaron que se necesita más que un buen orador para atender los problemas del país. Los indicadores de competitividad van en caída. A pesar de que esta administración ha sido la que más ingresos ha tenido, el gasto ha aumentado a tal velocidad que el déficit también se hace más grande. Tenemos casi una década de tener una de las tasas de crecimiento económico más bajas de Latinoamérica. La violencia va de mal en peor y la población está más enfocada en las cosas que nos dividen que en las que nos unen.

A escasos días de haber tomado posesión podríamos decir que no ha comenzado mal. El mensaje que el presidente manejó en su discurso fue uno de conciliación y trabajo, adquiriendo compromisos serios en beneficio de El Salvador. Aunque muchos se burlen porque el presidente no es el mejor orador del mundo, eso es algo que cae en segundo plano. También es cierto que no tiene las mejores credenciales académicas, pero la historia nos ha demostrado que una educación de primer nivel no nos asegura la integridad y rectitud de un funcionario público.

Los puestos de elección pública son para servir al pueblo y no para servirse de ellos. Estamos cansados de ver gente que entra al gobierno siendo ciudadanos con recursos modestos y sale a vivir en mansiones. Estamos cansados de que nos hablen bonito, nos endulcen el oído y que eso no se traduzca en políticas públicas que ayuden al país. Estamos cansados de programas que más que ayudar a la gente a salir de la pobreza las convierten en esclavos, dependientes del Estado.

Esperamos que ahora sea diferente. Esperamos que el presidente se rodee de gente capaz, comprometida y correcta. Que sea el primero en perseguir a quienes se sirven de las arcas del Estado, aún dentro de las filas de su propio partido. Investigar al expresidente Funes por lo publicado en el periódico digital El Faro, y capturarlo (de encontrarse culpable), enviaría un mensaje más claro que cualquier discurso que diga “este es un gobierno donde no se tolerará la corrupción”.

Que no le quede duda al presidente que de comenzar a hacer las cosas distintas a las administraciones anteriores, sus iniciativas contarán con el apoyo de la sociedad.  Los estándares los han dejado tan bajos que con el simple hecho de que él y sus allegados no terminen el quinquenio con riquezas exacerbadas será un indicador que sí se está avanzando en algunas áreas.

Del señor presidente no espero discursos bonitos. No espero que me cautive y me convenza con palabras y oratorias que muchos queremos escuchar. Nos podrán decir mil y una veces que van a solucionar todos los problemas que aquejan el país. Nos pueden dedicar mañanas completas en la radio por decenas de sábados, pintándonos un país de maravillas que no existe, pero lo que queremos son obras, no palabras.

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