Opinión

1 Jun 2015
Opinión | Por: Daniel Mejía

Religiosidad hipócrita

Está tan grave la intolerancia en este país que por cualquier tema, cualquier acción y hasta por un parqueo o asiento de un bus recurrimos a la violencia.

Por años se habló de su vida, de su labor en la Iglesia Católica, de su amor hacia los pobres, pero fue más lo que se habló de su asesinato; una muerte que se veía venir y que en sus últimos meses de vida él también anunciaba: la de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, beato mártir salvadoreño.

Ya han pasado varios días desde que El Salvador vivió un evento sin precedente alguno y no me quería quedar con la ganas de escribir de ello, pero no de la beatificación en sí, sino de un tema que me pareció que había que tratarlo.

Es increíble ver cómo reina la intolerancia y la falta de respeto en este país, pero es aún más horroroso cuando se trata de personas religiosas, de personas que critican la realidad en que vivimos en lugar de actuar. De hombres y mujeres que están pendientes del error de uno o de otro para juzgarlo en vez de ayudarlo y aun así se exaltan diciendo que ellos comparten el amor de Dios, cuando todos sabemos que el amor de Dios es un amor puro, sincero y verdadero.

Lo curioso de la semana previa a la beatificación se dio en redes sociales con fuertes indirectas  y en conversaciones cotidianas con personas de pensamientos distintos en cuanto a sus creencias. Todo por la bendita religiosidad y las malas enseñanzas inculcadas por personas que se dicen llamar líderes. Mi abuelo decía: “De política y religión es de tener cuidado al momento de hablar”.

¿Cómo vamos a pedir unión si no hay paz? Y, por ende, si no hay paz no hay libertad, lo que nos lleva a la intolerancia con personas que piensan diferente a nosotros. Justo eso fue lo que se  vivió: personas  de una religión diferente a la católica que criticaban de manera muy despectiva el acto de beatificación de Monseñor Romero con mensajes como “Romero no es mi santo”; “Santo solo hay uno” o “Santo solo Dios”. Estos comentarios fueron la punta de lanza para que iniciara una pelea cibernética donde al instante las personas a favor del acto de beatificación respondían con imagines donde denigraban a pastores y a otras religiones.

Se me hace difícil poder asimilar el hecho de que las personas que piden la paz por este país, esas que hacen marchas por el cese de violencia en la sociedad, las que hacen vigilias de oración por un cambio en El Salvador, los que nos hacen el llamado a la unión, a la armonía y a la tolerancia sean los primeros en no cumplirlo. Y no solo eso, sino también no predicar con el ejemplo.

En fin, ¿cómo estas personas religiosas van a pedir paz cuando ni ellos mismos se soportan?  Está tan grave la intolerancia en este país que por cualquier tema, cualquier acción y hasta por un parqueo o asiento de un bus recurrimos a la violencia.

Si de tratar de convencer de que la religión en la que usted cree es la correcta, entonces comience por demostrarlo con acciones: ayudar al necesitado,  respetar a su prójimo y predicar con el ejemplo. En fin, nadie es perfecto y por eso mismo, sea católica o no, la Iglesia no es para gente perfecta, si así lo fuera pasaría vacía todo el tiempo. La Iglesia es para gente imperfecta que busca ser una mejor  persona cada día.

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