Opinión

28 Mar 2018
Opinión | Por: Juan Carlos Méndez

Religión y política: la política religiosa en El Salvador

Este es el segundo de dos artículos que escribo sobre religión y política en El Salvador. En la primera columna abordé conceptos principales para entender el tema, di a conocer la cantidad de feligreses cristianos en el país para dar a entender cómo se han tomado las decisiones. Finalmente, toca analizar la forma de hacer política desde las dimensiones de la comunicación y las estrategias que los políticos utilizan para ganarse la confianza de la gente.

Muy distinto es decir abiertamente y atender los llamados de una religión, a querer imponerlos hacia otros. El que profesa una fe, el que anda detrás de un santo o cree palabras de pastores inspiradas por Dios no debería andar correteándonos para aceptar esa creencia, así como el que dice abiertamente que es ateo (que no cree en Dios) no debería de juzgar a quienes sí creen y llegar hacia la burla e insultos. Ese tipo de cosas generan incomodidad y hasta divisiones entre los que creen y no en una religión. Por tanto, eso no genera unidad y a la larga tampoco un compromiso de trabajar entre ciudadanos hacia una visión para el desarrollo del país.

En El Salvador, existe la práctica de que en actos gubernamentales se haga una oración, se pida a la gente que se persigne y, aunque no se obligue a hacerlo, más de alguno puede molestarse ya que es como si se estuviera privilegiando esa creencia y hasta ignorando que existen otros pensamientos. Hay actos proselitistas donde el líder político pide se haga una oración antes de iniciar y hasta en los discursos utilizan palabras bíblicas e incluso mencionan el nombre de Dios o Jesús para sustentar sus aspiraciones políticas.

¿Está mal esto? En el artículo anterior les decía que “la Unidad de Investigación de La Prensa Gráfica reveló que a 2017, el 45% de la población dice profesar la religión católica; mientras que, el 35% es de religión evangélica, 2% otra y el 18% restante ninguna”, y que por tanto casi el 80% de El Salvador es cristiano, prácticamente mencionar palabras inspiradas en la biblia y hacer tradición a los ritos de la iglesia cristiana no tendría que ser problema alguno, ya que pasaría por la aprobación de casi todas las personas.

Creo que por eso es normal ver a los políticos asistir a las iglesias y que pidan permiso para dirigirse a las congregaciones, verlos en actos públicos durante las festividades religiosas, que propongan el uso de la biblia en las escuelas y hasta justifiquen las decisiones en políticas publicas basadas en la religión.

Definitivamente en El Salvador hay una política religiosa, que más bien le llamaría politiquería. Si los políticos dicen ser cristianos, entonces practicarían el amor entre ellos y no anduvieran con cinismo, fueran solidarios y no se adjudicarían altos salarios y prestaciones al ver las grandes necesidades del país. No mentirían, no engañarían y, ni tan siquiera se les acusara de corrupción porque ellos fueran los primeros en dar ejemplos de transparencia y austeridad.

No creo que sea malo que un cristiano se meta a la política y quiera argumentar sus posturas en base a eso, si es capaz de generar sinergia y convencer en una negociación a otros, entonces estaría actuando bien. Lo que no considero correcto es hacer uso del cristianismo para conseguir votos y menos para someter a la población a algo de forma autoritaria. La religión tiene su escenario como la política también.

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