Opinión

2 Jun 2014
Opinión | Por: Carlos Segura

Reflexiones sobre la paz

“Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, verdad, justicia y solidaridad”. Juan Pablo II

Hace dos años se celebró en París un coloquio que llevaba por título “El Salvador: La paz es posible. 1992 – 2012“. Se conmemoraba entonces el 20 aniversario de nuestros Acuerdos de Paz. Dicho coloquio fue organizado por la Embajada de El Salvador en Francia, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, la Casa de América Latina de París, el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), entre otros. El pasado 27 de mayo se presentó un documento de memoria de dicho coloquio, siempre en París, con la presencia de dos negociadores de los Acuerdos de Paz: un negociador por parte del gobierno de ese entonces y una negociadora por parte de la guerrilla.

¿Por qué París? Hay que recordar que Francia jugó un rol diplomático muy importante durante la Guerra Civil salvadoreña. Cuando los socialistas llegaron al poder, en 1981, el gobierno del Presidente François Mitterrand decidió, junto con México, reconocer a la guerrilla del FMLN como una fuerza política representativa. Se hizo entonces realidad la famosa “Declaración Franco Mexicana“ de 1981, instrumento diplomático que le dio un giro al conflicto armado en El Salvador, ya que la guerrilla contó, desde ese momento, con más apoyo a nivel internacional. Muchos gobiernos criticaron dicha declaración y la calificaron de “injerencia“, pero Francia y México mantuvieron su posición. Ahora que el FMLN se ha convertido en partido político y ha tomado las riendas del Órgano Ejecutivo, toma importancia la conmemoración de dicha decisión diplomática de Francia y México: ahí la razón de los eventos en París.

Me gustaría contarles y hacer algunas reflexiones sobre algo enparticular que observé durante el tiempo que pasé con los dos negociadores que vinieron a París. Como lo mencioné anteriormente, uno de los dos fue negociador por parte del gobierno (en ese entonces de derecha) y sigue siendo miembro activo del partido Arena; la otra fue negociadora por parte de la guerrilla, fue prisionera política durante la guerra y es ahora una figura importante del FMLN.

A pesar de sus diferencias, los dos negociadores parecían ser los mejores amigos del mundo. Viajaron juntos desde San Salvador, asistieron juntos a reuniones, comieron juntos, compartieron vehículo y otras situaciones similares. “¿Cómo te sentís?” le preguntó uno al otro. “Estoy muy orgulloso de estar con mi amiga en este día tan importante para nuestro país” se escuchó en el evento. Se saludaban, se voseaban, se hacían bromas… Pude observar una bella amistad a pesar de las diferencias ideológicas. Qué buen ejemplo de paz verdadera cuando todos recordamos los tiempos difíciles que vivió El Salvador durante la Guerra Civil.

A mis 29 años, he conocido a personas de varios horizontes, nacionalidades, culturas, ideologías políticas y creencias religiosas. Tengo amigos de derecha, de izquierda, cristianos, musulmanes, ateos, europeos, africanos, asiáticos y latinos. A veces conozco gente que no sabe dónde está El Salvador – ni yo sé donde están sus países. He aprendido mucho de ellos, mis conocimientos culturales, políticos y generales se han enriquecido gracias a ellos y espero haber contribuido a su aprendizaje.  Creo firmemente que la diversidad hace la fuerza.

Quiero dejarlos con unos reflexiones sobre la paz que pienso pueden ayudar a construir un país con menos violencia y más tolerancia. Primero, no importan nuestras diferencias ideológicas si nuestras intenciones son buenas. Si amamos a nuestro  país y tenemos como objetivo común colaborar para su desarrollo, es este último el que tiene que unirnos para dejar atrás divisiones absurdas. Segundo, no vamos a llegar a ningún lado si estamos divididos. La unión hace la fuerza y El Salvador necesita que todas las fuerzas políticas se unan e incluyan a varios sectores de la sociedad civil para llegar a acuerdos de unión nacional. Solo así conseguiremos salir adelante. Y tercero, como decía mi querido Papa Juan Pablo II, “que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, verdad, justicia y solidaridad.”

  • Leydi

    Me encanto!!!!!!!! confiemos en que los que leamos esta columna, pongamos en práctica la equidad, verdad, justicia y solidaridad para hacer mejores personas y que la paz reine en nuestros corazones 😉

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