Opinión

25 Dic 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Reflexión de fin de año

“El Gobierno no tiene la varita mágica para solucionar de la noche a la mañana el problema de la delincuencia, es un flagelo que nos atañe a todos”.

En la última columna del año, trataré de crear una reflexión acerca de uno de los flagelos que de forma directa o indirecta nos afecta a todos. Directa porque muchos han tenido que sufrir la pérdida de un pariente o allegado a causa de la arraigada y difícil situación; e indirecta debido a que no es un secreto que tenemos que caminar, conducir y visitar lugares sin dejar de mantener esa zozobra de que en cualquier momento nos corresponda asumir el papel de víctima.

Desde la época del conflicto armado se ha clamado por la paz, y esto se tradujo en un acto solemne denominado: “la firma de los acuerdos de paz”. Ahora la guerra se ha mantenido, solo cambiaron parcialmente los actores, pero el acuerdo de paz no se ha logrado. Es decir que este pequeño gran problema llamado violencia, proviene desde tiempos ancestrales, inmemoriales, y es inaceptable que todavía nos mantengamos a la espera de un milagro para revertir esta situación.

La indeseada herencia por obligación la hemos adquirido nosotros, los jóvenes. Pero también a nuestro alcance se encuentra despojarnos de este cáncer social en que nos encontramos atrapados. El papel pasivo y de simple espectador que nos caracteriza, ha permitido que los virus se empoderen de nuestra sociedad, y no es válido ni justificable seguir en la zona de confort por miedo a no saber  con qué nos encontraremos afuera de la cueva en la que hemos permanecido arraigados. Ya lo plasmé en anteriores ocasiones: el Gobierno no tiene la varita mágica para solucionar de la noche a la mañana el problema de la delincuencia, es un flagelo que nos atañe a todos, y por tanto debemos tomar partido y aportar nuestro granito de arena para armar, de a poco, el castillo que los adultos honrados, la juventud y la niñez anhela.

No es necesario tomar las armas para ir a matar a todos los que causan el mal en nuestro país, eso solo genera más violencia. Tampoco es viable adoptar medidas populistas como el endurecimiento de las penas por delitos y la aplicación de la pena de muerte, pues se ha demostrado que la mayor represión no significa una disminución en la violencia. Luchemos por combatir la impunidad antes de crear letras legales casi muertas. La represión es un recurso secundario, esta medida no es adecuada para los jóvenes.

Mejor trabajemos en la prevención, ese sí es un mecanismo en el que nos debemos involucrar todos. No podremos enderezar el árbol que creció torcido, pero sí evitar que sigan creciendo árboles torcidos, trabajando desde su nacimiento, desde la niñez, quienes son los más afectados por esta triste situación.

Es costumbre fijarnos propósitos para año nuevo: bajar de peso, comer menos, hacer ejercicio y un sinfín de etcéteras, que ya perdimos la cuenta de los años en que estos objetivos se han pospuesto. Sigamos aplazando esos propósitos, pero hay uno que no se puede postergar: asumir un rol activo en la sociedad.

¿Qué tal si saludamos a nuestros familiares con un alegre buenos días, buenas tardes y buenas noches? ¿Si saludamos sonrientes a todas las personas que encontremos en nuestro camino, aunque no sean conocidos? ¿Si ayudamos a un anciano a cruzar la calle? ¿Si nos tomamos el tiempo para escribirle a ese amigo, amiga o familiar con quien no hablamos desde hace mucho? ¿Si estudiamos todos los días? ¿Si compramos un juguete periódicamente y se lo entregamos a un niño o niña? ¿Si le regalamos un plato de comida a una persona que lo necesita? ¿Si nos involucramos en actividades u organizaciones que trabajen en beneficio de la niñez, juventud, tercera edad, educación, deportes, teatro, literatura, música, animales o de otra índole? ¿Si platicamos con un niño y lo instamos a estudiar para que se forme como persona productiva? ¿Si apadrinamos económica o moralmente a una persona para ayudarle a que cumpla sus metas? ¿Si somos los mejores trabajadores en nuestra empresa, oficina, clínica o centro de trabajo?

¿Verdad que trabajando en los pequeños detalles se puede lograr grandes objetivos? Es cuestión que todos miremos y avancemos hacia la misma dirección. ¡Feliz navidad y año nuevo!

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