Opinión

23 Jun 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

¿Quién será el “Mesías” de esta tierra muerta?

“Gracias a la guerra uno no sólo puede morir por sus ideales, sino que incluso puede morir por los ideales de otro.”

                                                                                                                                          Jaume Perich

 

Mucho antes de las elecciones internas de los partidos políticos, donde se eligen a sus candidatos para diputados, alcaldes y presidentes, los aspirantes deben enfrentarse en una guerra mucho más aguerrida y agresiva. Una verdadera guerra de desgate, donde el ataque frontal no está permitido, pero las indirectas son más que obvias. Una verdadera guerra fría por conseguir, no solo la mayor cantidad de simpatizantes, sino también mejor calidad de estos. La guerra tiene reglas claras y medios más que esperados. 

Entonces, me pregunto ¿Quién contratará el mejor buffet? ¿El presupuesto del “Súper” o el de la ASI? En estos momentos lo más cercano al paraíso debe ser formar parte de las filas de ARENA, bien sea como diputado o como parte del COENA. Me encantaría ir al rancho privado de uno de los bandos a comer codorniz con salsa de mango, mientras digo que sí a todo lo que me dicen y muestro mis perlas, mientras extiendo raíces.

Pecando de ingenuo el presidente emitió una orden de censura, la guerra causaba demasiado impacto mediático y los simpatizantes de cada bando se muestran entusiastas. Me pregunto qué le ofrecieron a Neto, tal vez cuando pierda su propia lucha, lo veamos como ministro de agricultura y ganadería.

¿En serio el presidente creyó que las mujeres no irían a la cena conmemorativa del día de la mujer que la ASI, muy amablemente, organizó en abril? ¿Qué no sabe que eso sería una falta de respeto hacia el muy bien intencionado líder de ese bando? Hay que mantener los modales y las buenas costumbres, y que aprovechase para ganar más simpatizantes fue una mera coincidencia del momento. Nada se puede hacer contra eso.

Una de las reglas más importantes de toda guerra de desgaste es negarla fervientemente, no importando que tus simpatizantes griten a todo pulmón, que estén apoyando al ganador. No importa si uno de tus simpatizantes te arrojó a la basura años de campaña encubierta, diciendo en un programa de entrevista tus intenciones de ser elegido. No, debes negarlo rotundamente para así, cuando al fin lo hagas público, sea una verdadera sorpresa y te vean como el “Mesías” de esta tierra muerta. Al menos el del “Súper” lo entendió y discretamente hizo que ahora me sepa cada centímetro de su cara.

Una táctica antigua, pero siempre funcional, es forzar a que tu contrincante muestre voluntariamente sus armas. En algo ayudó Neto, ahora estoy hasta la coronilla de la ASI y su intento de venderme que la industria es el motor de la economía. Llegaste tarde a la fiesta compañero y ahora alguien tiene una sonrisa más grande, y más bonita, que la tuya. Y, o me regalas industria o te asocias con otro supermercado.

Lo hermoso de una guerra de desgaste es que cuando pierdes no te ves humillado por la derrota, ya que en teoría nunca pasó y en teoría nadie se cuenta. El gran perdedor de esta pugna es la casa de los aspirantes, que después de todo ha quedado demostrado que en sus filas no hay material presidencial, y pecando de bocón, tampoco material para el alcalde de San Salvador. No, la casa huele a derrota y necesitan un tercero para seguir a flote, me pregunto ¿Qué pensaran los dinosaurios del estado de la casa que ellos construyeron?

Entre todo el jolgorio que esta guerra silenciosa está causando ¿Alguien más recuerda que las elecciones de diputados se están acercando?

 

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